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Vivir con la tragedia

Han pasado ya 13 días desde que el sismo del pasado 19 de septiembre cimbró nuestro país. Con los días, la emergencia que significó sacar de los escombros a decenas de personas ha concluido prácticamente. Y ahora empezamos a vivir, cada uno de nosotros, con la horrible experiencia que ha sido sentir y vivir ese movimiento telúrico.

 

La vida sigue y a pesar de esta vivencia debemos continuar, por muy duro que sea. El maestro Raúl Quintanilla es psiquiatra. Hablé con el específicamente del comportamiento humano después de una situación como la que muchos acabamos de vivir.

¿Qué le sucede al ser humano justo después de haber vivido un terremoto intenso?

“El primer golpe realmente que se queda adentro del espíritu es el factor de sorpresa, lo inesperado, que provoca inmediatamente una creación de un proceso de enorme ansiedad. Una ansiedad es una reacción física, que provoca cambios respiratorios, provoca sensaciones específicas como que el aire se corta, los músculos de la espalda se ponen rígidos, duele la cabeza, todo lo que significa el famoso cuadro de ansiedad, que ahora ya es un elemento común en la sociedad.

“Cuando todo se está moviendo, automáticamente lo que se está provocando adentro del ser humano es un proceso de imágenes que se van quedando reflejadas en el pensamiento, imágenes reflejadas como en formas de pequeñas emociones que nos están sucediendo. Lo que pasa es que el proceso de movimiento se vuelve algo tan severo que de repente no es la misma emoción, sino múltiples emociones que se van presentando conforme va avanzando el proceso.

“Lo primero que se tiene es la sorpresa y el temor, después el miedo a perder la vida, tercero el miedo a ser lastimado y luego el miedo al dolor, y cuando empieza todo este proceso infernal, donde está uno a merced del proceso de la naturaleza, llega un punto, cuando todo se calma y queda en un silencio espectral, ese silencio marca una gran cantidad de huellas, de daños, de dolor, de emociones que se quedan en el inconsciente como fenómenos ocultos”, explicó.

Después de los primeros momentos en que se vive una enorme ansiedad, conforme pasan los días, dice Quintanilla, empezamos a sentir angustia.

“La angustia es miedo a lo desconocido, como a los fenómenos de la naturaleza. No sabemos cómo viene, no sabemos cómo llega, no sabemos a dónde va. Imagínese que está sentado en su casa, empieza a oír una alerta sísmica, ya su reacción va a ser completamente distinta a como reaccionaba antes con la alerta sísmica.

“Angustia viene de la palabra angst, que quiere decir estrecho, se nos va estrechando la calma y en esa angustia, ¿qué sucede? Tenemos una cantidad de imágenes que son imágenes repetitivas, está presente como si hubiera un shock, unbio-shock, un daño que no teníamos presente antes del terremoto”, detalló.

Hemos visto muchísimas imágenes de la tragedia y el cerebro las asimila como si nuevamente estuviéramos viviendo la situación.

“Dentro de nuestra cabeza se repiten imágenes, se repiten las palabras con las cuales nosotros creamos estas imágenes y, déjeme decirle, el lenguaje es el único que domina al pensamiento”, aseguró.

El maestro Quintanilla nos explica algunas cosas que podemos hacer para dejar de sentir esa angustia que muchos tenemos a días del terremoto.

“Lo que yo recomiendo es tratar de buscar o repetir la normalidad que era, la normalidad que uno vivía antes del suceso, muchas personas que conozco me han dicho: ‘Yo vivo en un décimo piso, es mi casa, ahí me voy a quedar en ese décimo piso, tengo que afrontar las cosas”, y llegan y están repitiendo o tratando de repetir las cosas.

“Lo segundo es buscar la verbalización, la conversación curativa, hablar sobre lo que le angustia, hablar sobre lo que le da miedo, hablar sobre lo que le provoca el temor. Dice José Antonio Marina: ‘Cuando yo nací mi madre parió a 2, a mí y a mi miedo’, un niño aguanta enormes cantidades de miedo si está agarrado de la mano de su papá o de su mamá, la adultez es soportar el mismo miedo pero solo, sin mano de nadie, entonces hay que buscar la conversación curativa, hablar sobre el suceso, ver que lo que vivimos fue un fenómeno”, señala.

El especialista agrega: “Hay que hablar las cosas, porque si el lenguaje se queda en nuestro pensar, caemos en procesos de obsesividad, en procesos de ciertos elementos de paranoia, en elementos neuróticos”.

Por más pérdidas que se hayan tenido, es indispensable tratar de volver a la vida cotidiana, aunque hay cosas y situaciones que nos marcan.

“Hemos visto una gran cantidad de pueblos que independientemente de haber perdido a alguien, persisten en la idea de ‘tenemos que seguir adelante’. Ahorita hay una enorme angustia y un enorme miedo, la gente no sale, está pensando que quedándose en su casa está en resguardo, no, en resguardo está si lleva su vida completamente normal, tal y como la hacía”, aseguró.

Los días posteriores al terremoto han sido muy duros para la mayoría de nosotros, pero no podemos dejar de vivir y que la angustia sea constante. Platique la experiencia con sus seres queridos e intente iniciar su vida cotidiana lo más pronto posible. Es la única forma de continuar y no quedarse atrapado en su pasado.

Brindan apoyo psicológico

Diversas instituciones de salud, públicas y privadas, ofrecen atención psicológica gratuita para ayudar a recuperarse de los efectos del sismo del pasado 19 de septiembre. Ayer el Centro de Inteligencia Familiar y Psicología AC , realizó diversas actividades lúdicas para niños (primera foto) en la Alameda del Sur en Coyoacán con el fin de canalizar sus emociones, reducir su ansiedad y miedo, provocados por el temblor.

También ayer, la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de la Facultad de Psicología, dio a conocer que continuará brindando apoyo psicológico por seis meses más.

Desde las primeras horas de la emergencia, aproximadamente 122 estudiantes de posgrado y licenciatura, así como 20 profesores, identificaron 56 puntos que requerían atención en albergues, hospitales y zonas siniestradas en las delegaciones Álvaro Obregón, Coyoacán, Iztapalapa y Xochimilco.

Posteriormente, unos 200 psicólogos integrados en brigadas de cuatro a cinco, atendieron en 60 sitios a personas afectadas: habitantes, brigadistas y rescatistas. En tanto, otros 26 profesionistas dieron respuesta a llamadas telefónicas y otros más ofrecieron su ayuda profesional en forma voluntaria, a través de sus líneas telefónicas móviles.

Por su parte, el Gobierno de Ciudad de México puso en marcha una campaña de salud para atender afectaciones emocionales a través de 15 módulos (segunda foto) que ofrecen asistencia a quienes lo requieran. Hasta ayer se habían brindado 3 mil atenciones.