Una mala broma del destino

Pareciera una mala broma del destino: justo el día que se conmemoró el 32 aniversario del sismo que abatió la Ciudad de México en 1985, y tan sólo dos horas después del simulacro nacional sobre sismos, se ha producido un sismo de 7.1, casi de la misma magnitud del de 1985, con milésimas de segundos de diferencia que han dejado daños severos en Morelos, Puebla, Guerrero y por supuesto la Ciudad de México. Las autoridades han reaccionado con una oportunidad que no tuvieron en 1985.
Hay que reconocer que toda la infraestructura nueva, la construida después del sismo del 85, ha soportado bien el terremoto y que, una vez más, han sido las edificaciones viejas, muchas de más de cincuenta años las que sufrieron mayores daños. Hay que tomar conciencia de que en los grandes sismos, los que más afectan a la Ciudad de México, los daños se concentran en los mismos lugares, en las mismas zonas, en el área de la colonia Roma, la Condesa, el Centro de la ciudad y áreas del sur de la ciudad. Son terrenos fangosos donde las construcciones deben tener mayor regulación que en otras partes de la ciudad.
Hemos aprendido, pero también debemos seguir haciéndolo. La concentración de edificios y construcciones en ciertas áreas de la ciudad debe ser controlada y debe tener medidas estrictas, mientras que muchas delegaciones simplemente otorgan todo tipo de permisos aprovechados por desarrolladoras inescrupulosas.
Ésos son algunos de los desafíos inmediatos. Al igual que lo que sucede en Oaxaca y Chiapas, el mayor problema que enfrentamos es el de la reconstrucción y la construcción de viviendas. Pero la magnitud del daño también hay que reconocerlo, no son similares: en esos estados se han perdido o están dañadas 100 mil viviendas. En la capital tenemos decenas de edificios dañados o colapsados, pero el número no es similar.
Pero tanto aquí como allá se debe reaccionar con rapidez y darle a la gente un hogar. Estamos hablando de quienes tienen recursos y de quienes no tienen nada. El peligro es que estamos en una coyuntura electoral. Vemos y veremos políticos que, como en Oaxaca, intentan e intentarán aprovecharse de la situación. No hay que permitirlo. Puede haber errores pero no mezquindades ni intentar aprovecharse de la situación. Es quizás uno de los capítulos que demandarán mayor firmeza política pero también mayor control social.
Lo ocurrido ayer es una tragedia que hace unos años fue peor todavía. Una tragedia que exige que las viviendas sean reconstruidas y el cuerpo social pueda transformarse en un instrumento más eficiente y sólido, aun rechazando la manipulación y aplicándose en la reconstrucción.