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Los sacerdotes y todos los demás

Hace días le platicaba en esta columna que la violencia en el estado de Veracruz no es nueva se agudizó en la administración de Fidel Herrera, pero ya existía de años atrás.

Ahora las víctimas de esa violencia fueron dos miembros del clero, el párroco Alejo Nabor Jiménez Juárez y el vicario José Alfredo Suárez de la Cruz. A los dos los secuestraron y sus cuerpos fueron encontrados maniatados con varios impactos de bala, en un campo situado a un costado de un camino poco transitado entre Poza Rica y Papantla.

Ambos sacerdotes eran queridos en la comunidad donde estaban asignados. Jiménez Juárez llevaba seis años en esa parroquia y Suárez de la Cruz había llegado dos meses atrás.

Se sabe que los dos sacerdotes y su auxiliar conocían a sus victimarios. Que habían estado reunidos con ellos conviviendo y tomando unos tragos el día que fueron plagiados.

El auxiliar que estaba con ellos declaró que logró huir de sus captores y se escondió hasta el amanecer. Al día siguiente llegó a la parroquia en busca de auxilio. Fue él quien relató a las autoridades que los tres habían sido privados de la libertad por cuatro sujetos y una mujer armados que utilizaban como vehículo una camioneta.

También se sabe que los agresores se llevaron dinero en efectivo de las limosnas, que sería utilizado para la remodelación de la parroquia, y dos vehículos.

Poza Rica ha sido escenario de violencia de los cárteles de las drogas durante años, pero, por si esto fuera poco, la situación de la zona se ha visto agravada por el desempleo causado por la crisis petrolera y la falta de actividad comercial. La violencia es cosa de todos los días.

En un comunicado difundido en el sitio de la diócesis de Papantla, monseñor José Trinidad Zapata Ortiz publicó: “Estamos muy consternados por esta noticia y en oración por su eterno descanso. Una vez más comprobamos que la violencia y la inseguridad se han enraizado en nuestra sociedad. Esperamos que las autoridades esclarezcan el crimen y que la pérdida tan lamentable de estos hermanos nuestros sirva para que llegue la paz que tanto deseamos, así como vocaciones sacerdotales para seguir la misión evangelizadora de la Iglesia”.

Estoy totalmente de acuerdo con monseñor José Trinidad, es muy lamentable la muerte de estos sacerdotes. Cualquier pérdida humana es devastadora. Y asesinatos ha habido muchos en el país.

Pero también es muy grave lo que han dicho muchas personas: que este crimen se dio por ser religiosos, y más en una coyuntura donde ha habido enfrentamientos verbales entre la Iglesia y los distintos gobiernos por temas como matrimonios gay.

La realidad: ha habido más de 20 asesinatos a clérigos en los últimos años, pero si nos ponemos a analizar por profesiones yo le aseguro que ha habido muchos más médicos o ingenieros que han muerto en tragedias similares a la de los dos sacerdotes.

También coincido con el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien calificó el hecho de “cobarde y sacrílego crimen” y además retó a las autoridades a esclarecer el homicidio.

Pero no sólo por tratarse de sacerdotes se tiene que aclarar este asunto, sino porque son seres humanos. De igual forma se debe exigir el esclarecimiento de los demás homicidios que han ocurrido en el país.

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