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La vida sexual de Trump

Son muchas las declaraciones machistas y reprobables de Donald Trump cuando se refiere a las féminas. Hace poco expresó de Hillary, cuando él mismo apoyó su campaña en el 2007: “Si Hillary Clinton no puede satisfacer a su marido, ¿qué la hace pensar que puede satisfacer a América?” También ha manifestado: “A las mujeres debes tratarlas como a la mierda”.

De su hija hace tiempo también habló: “… realmente ella tiene una buena figura. Lo he dicho: si no estuviera felizmente casado e Ivanka no fuera mi hija, quizás estaría saliendo con ella”.

En su cuenta de Twitter escribió: “De 6 mil acosos sexuales reportados en las fuerzas armadas, sólo 238 han sido sancionados. ¿Qué otra cosa esperaban si mezclaron a los hombres con las mujeres, genios?”.

¿Pero qué piensa Donald Trump de ellas? ¿Por qué habla así? Este fin de semana leí un artículo publicado en el diario español El Mundo que explica muchas cosas. El texto se basó en algunas entrevistas que el periodista y escritor Mark Bowden y el profesional de la radio y la televisión Howard Stern hicieron a Trump.

Imagínese usted: el propio Trump afirma que si va a tener relaciones sexuales con una dama su médico personal la debe revisar para tener la certeza de que está libre de virus y de bacterias.

Revela que ha tenido sexo con muchísimas mujeres: “He tenido mucha suerte. Ése es un mundo peligroso. Asusta, porque es como Vietnam, como la época de Vietnam”.

“No me gusta el sexo anal”, explicó en el Show de Stern en 2004. En la misma intervención expuso: “no me gusta el sexo oral” y aseveró que estaba tan enamorado de su entonces novia, la modelo eslovena Melania Knavs —actualmente su esposa—, “que con ella no hago la marcha atrás”.

No le agrada pensar que su cónyuge va al baño, no le permite acudir al sanitario si él está en el mismo inmueble. “Nunca la he visto tirarse un pedo” y “ha ido al baño como cuatro veces en tres años”, confesó. En el sentido más estricto: está liberada de las ataduras terrenales básicas, aquellas que unen a la humanidad.

De su exesposa Marla Maples se expresa muy mal: “Un 10 en tetas y un cero en cerebro”.

Y de la boda con Marla recuerda: “Ya estaba aburrido desde que ella caminó por el pasillo. No dejaba de pensar: ¿Qué diablos estoy haciendo aquí? Estaba tan profundamente metido en mis asuntos de negocios. No podía pensar en otra cosa”.

A su vez The New York Times entrevistó a docenas de mujeres que trabajaron con Trump durante las últimas cuatro décadas. El informe que recopiló estos testimonios refiere: “Podía ser lascivo en un momento y un caballero al siguiente”.

Aunque la publicación también señala que muchas lo encontraban “amable y encantador”, subraya que el empresario “simultáneamente alimentaba las carreras de muchas féminas, mientras se burlaba de su apariencia física” y realizaba avances sexuales no buscados a otras más.

El artículo del diario inicia con la narración de que durante una fiesta en la mansión de Trump en Florida el empresario ofreció a Brewer-Lane, una modelo de 26 años, un bikini para que se lo probara y luego la paseó entre los presentes y dijo: “ésta es una despampanante chica Trump, ¿a poco no?”

Cuando Trump compró el certamen Miss Universo él personalmente “evaluaba” a las concursantes: “Nos decían que nos pusiéramos nuestro vestuario del número con el que abriríamos —casi tan revelador como un traje de baño— y nos formaban en una línea para él en el escenario”, contó al Times Carrie Prejean, Miss California 2009.

“Donald Trump caminaba con su séquito y nos inspeccionaba más cerca de lo que cualquier general haya inspeccionado alguna vez a su pelotón”, sostuvo.

Prejean reveló que muchas de las chicas se sintieron humilladas y terminaron por llorar detrás del escenario, ya que incluso las hacía compararse entre ellas mismas.

Trump realizaba asimismo otros avances sexuales no deseados a las mujeres: “Me besó directamente en los labios”, comentó al The New York Times Temple Taggart, Miss Utah 1997. “Pensé: ¡ay, Dios mío, qué asco!”, indicó Taggart y reportó al rotativo que ella no fue la única a la que Trump besó en la boca.

Sin duda estas declaraciones, las de Trump y las de casi 50 personas que han estado cerca de él, muestran a un ser humano déspota y despiadado con las mujeres. Humilla hasta a sus parejas antes de tener relaciones sexuales con ellas.

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