La estupidez de la arrogancia

El magnate estadounidense Donald Trump se destapó nuevamente como candidato a la presidencia de su país por el Partido Republicano. Lo hizo con un discurso particularmente duro con México y con los mexicanos.
Propuso un “gran muro” en la frontera entre ambos países y, dijo, “que lo pague México”.
Asegura: “Mexico manda a su gente, pero no manda lo mejor, está enviando gente con problemas… México no es nuestro amigo… y siendo empresario inmobiliario nadie levanta mejores muros y además muy baratos”.
Lo que no dijo es que esos muros se construyen mucho más económicos porque gran parte de la mano de obra es latina.
Donald Trump nació en una familia de clase media, en Queens, Nueva York. Estudió Economía Financiera por la Universidad de Pensilvania y comenzó como obrero en la empresa de su padre, que heredó a los 28 años. Le dio un giro al negocio y empezó a trabajar en el sector inmobiliario. Hoy Forbes cifra su fortuna en cuatro mil 100 millones de dólares.
Pero su imperio ha tenido claroscuros. La gente lo percibe como intolerante, ostentoso y extravagante. Dicen que, debido a la fortuna que amasa, él cree que todo lo puede lograr. Lo cierto es que su popularidad en Estados Unidos es muy baja. Únicamente cuenta con el seis por ciento de opinión favorable en Nueva York, de donde es originario, pero es desfavorable para el 55 por ciento de los encuestados.
Ha escrito varios libros, cuyos títulos lo describen perfectamente bien. Así llegué a la cima (2005), Queremos que seas rico (2009) o Piensa en grande y patea culos en los negocios y en la vida (2009).
Además del sector inmobiliario, Trump cuenta con muchísmos negocios que van desde el manejo de la pista de hielo en Central Park hasta su propia agencia de modelos y cadenas de restaurantes y está detrás del negocio del concurso de Miss Universo. Muchos operan con mano de obra hispana.
Entre sus célebres frases están: “No educar a tus hijos en el dinero es como descuidar su alimentación. Si entran en el mundo sin conocimientos financieros, les costará mucho más conseguir lo que quieren”.
Este hombre maneja un racismo ridículo contra los mexicanos. Por ejemplo cuando Alejandro González Iñárritu ganó en los últimos premios Oscar por su película Birdman, dijo: “fue una gran noche para México, como siempre. Este país, ya sabes, todo esto que pasa es ridículo.”
Ahora que busca la presidencia expresó: “Toda mi vida he sido una persona exitosa. Y alguien que sólo es modestamente exitoso no puede liderar el Partido republicano. Estoy oficialmente contendiendo por la presidencia de Estados Unidos y vamos a hacer este país grande de nuevo”.
Lo cierto es que resulta prácticamente imposible que Donald Trump consiga la candidatura republicana. No es la primera vez que lo hace. Y nunca lo ha logrado. Tiene un índice de impopularidad, según fivethirtyeight.com, de menos 32 por ciento.
Jeb Bush, quien también aspira a ser candidato republicano, tiene 28 por ciento de aprobación y su trato hacia los migrantes es sin duda mucho mejor. Su esposa, Laura, es mexicana.
Después de escuchar las declaraciones de Trump, el secretario de Gobernación de México, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo que éstas son “prejuiciosas y absurdas”.
La verdad es que los mexicanos han hecho aportes importantísimos a Estados Unidos.
De acuerdo con el Migration Policy Institute, a partir de datos del US Census Bureau, las principales ciudades con inmigrantes mexicanos son Los Ángeles, con 1.7 millones; Chicago, con 684 mil, y Dallas, con 610 mil. Las economías de estas ciudades crecieron por encima de la media nacional en 2011.
Los mexicanos en Estados Unidos, incluidos los de segunda y tercera generaciones, contribuyen con el ocho por ciento del PIB, según la fundación BBVA Bancomer.
Alrededor de 570 mil empresas, más de 1 de cada 25, son propiedad de inmigrantes mexicanos y generan anualmente 17 mil millones de dólares en ingresos.
Según el Center for American Progress, las mujeres inmigrantes son más propensas a tener su propio negocio que las mujeres nacidas en Estados Unidos: nueve por ciento, en contraste con un 6.5 por ciento de las estadounidenses.
El Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos estimó en 2009 que el salario mensual promedio de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos fue de 2 mil 190 dólares estadounidenses y el monto promedio mensual de una remesa fue 317 dólares.
Esto quiere decir que más del 87 por ciento del salario de los trabajadores mexicanos fue gastado en la economía estadounidense.
Que ahora no nos venga a insultar Donald Trump diciendo que los mexicanos que están en Estados Unidos son lo peor que tenemos. Ellos ayudan sin duda a la economía y la estabilidad de ese país. Por esta intolerancia Trump nunca será presidente de Estados Unidos. Es víctima de su propia arrogancia.
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