En el DF se olvidaron del genocidio

El domingo pasado, durante la misa que presidió por el centenario de los mártires armenios asesinados por el Imperio Otomano de 1915 a 1917, el Papa Francisco definió esa masacre como “el llamado primer genocidio del siglo XX”.
Su discurso ha generado fuertes críticas entre los líderes turcos: el retiro del Nuncio Apostólico en Turquía y una nota de la embajada de ese país que califica las palabras del pontífice como una calumnia y las llama inaceptables.
Lo cierto es que ese genocidio existió. Está documentado y provocó la muerte de un millón y medio de armenios por fuerzas otomanas a principios del siglo pasado. Cientos de miles se vieron obligados a exiliarse.
Los hechos son inocultables. El gobierno turco, representante de una sociedad fuertemente nacionalista, siempre ha negado el genocidio: reconoce que hubo cientos de miles de muertes armenias, pero sostiene que también hubo víctimas otomanas, y que todo fue parte de una guerra civil.
Es una parte de la verdad, porque lo cierto es que el exterminio existió, tuvo razones religiosas y raciales y en número no son comparables las víctimas armenias y las otomanas.
Es como si dijéramos que el holocausto fue parte de una lucha, de una guerra en la que hubo víctimas y abusos de ambos bandos. Eso ocurrió en la Segunda Guerra, pero el holocausto fue un fenómeno separado e independiente de ésta: fue la decisión, como cualquier genocidio, de acabar conscientemente con una raza, una cultura, una religión, un grupo social.
Los armenios sufrieron la persecución del Imperio Otomano durante más de un siglo. En 1895 las rebeliones entre los armenios sometidos por el Imperio Otomano llevaron a la decisión del sultán Abdül Hamid de acabar con decenas de miles de armenios en las llamadas masacres hamidianas. Esta masacre es conocida como el holocausto armenio.
La rebelión interna también propició una guerra larguísima entre lo que ahora es Azerbaiyán y lo que ahora es Turquía, contra Armenia.
Son ya 20 países en el mundo los que han aprobado, mediante una resolución de oficial, el reconocimiento de la matanza armenia como un acontecimiento formal y existe una solicitud ante la ONU para que sea declarado como tal.
No se equivocó en este tema el Papa Francisco y su declaración sirvió para volver a poner en la mesa un tema que durante un siglo ha querido ser ocultado o minimizado.
Todo esto viene a cuento también por el famoso monumento del gobierno de Azerbaiyán a Heydar Aliyev. Un dictador que fue responsable de la masacre de armenios en Nagorno Karabaj, que en 1987 inició un movimiento separatista.
Para muchos observadores internacionales, el asesinato de armenios en los 80 es la continuación del genocidio realizado a principios del siglo pasado por el Imperio Otomano.
Al perpetrador de esa aniquilación se le levantó un monumento en el Distrito Federal, en pleno Chapultepec, luego de un pago que nunca se supo a dónde fue a parar, de millones de dólares a funcionarios del gobierno de Marcelo Ebrard.
Ante las protestas de distintos grupos, incluyendo al comunidad armenia en México, el monumento fue retirado a una casa en Paseo de la Reforma 660 comprada por el GDF por 32 millones de pesos, donde se exhibirá permanentemente. Aquí, el gobierno de Ebrard también se había olvidado del genocidio armenio.
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