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Autoestima a cualquier precio

En México, según organizaciones no gubernamentales, hay más de 30 mil menores dentro del crimen organizado relacionados con distintos delitos.

Con base en estudios, sabemos que la gran mayoría de estos jóvenes viene de familias desintegradas en las que se ha ejercido violencia, o donde el consumo patológico de drogas y alcohol ha sido recurrente.

Algunos son hijos de madres que debían salir a trabajar para poder darles de comer y los dejaban solos.

Hay casos en los cuales se ha utilizado la doctrina o la religión para reclutarlos, como por ejemplo en Michoacán, con La Familia Michoacana y luego con Los Caballeros Templarios, aunque en la mayoría de los casos influye el que la infancia de estos jóvenes haya sido muy dura.

En nuestro país el crimen organizado enrola gente para ocuparla en la lucha por territorios, mientras que en otras partes del mundo organizaciones radicales como el Estado Islámico lo hacen para su causa. Se estima que hay más de 15 mil extranjeros peleando en la organización yihadista que opera en Irak y en Siria.

Los especialistas advierten que el perfil de algunos jóvenes europeos que se unen a este grupo terrorista ha cambiado: ahora son de distintas clases sociales y se sabe que muchos han crecido en barrios social y económicamente estables desde la infancia. Además tienen trabajo e incluso estudios universitarios.

¿Cuál es el común denominador entre los jóvenes que entran al crimen organizado y los que se incorporan, por ejemplo, al Estado Islámico?

Que ambos buscan pertenecer. Sentirse importantes. Buscar distintos sueños.

Los integristas han cambiado su discurso y proponen diversas motivaciones en las que ponen en juego ilusiones y utopías.

En el crimen organizado mexicano los jóvenes que entran saben que su tiempo esperado de vida es muy limitado y tienen un dicho: “más vale dos años de rey que toda una vida de buey.”

En ambas organizaciones se ejecuta, se tortura, se decapita y hasta se quema vivas a las víctimas. Estos dos mundos se han acercado.

Hace dos años se descubrió la presencia de un mexicano en el Estado Islámico. Se trata de Abu Hudaifa al Meksiki (el mexicano en árabe), ése es el nombre de guerra que se le dio.

La directora editorial del Consorcio de Análisis e Investigación en Terrorismo, Veryan Khan, afirmó: “todo lo que podemos decir es que es el único mexicano enrolado en el Estado Islámico, al menos el único cuyo rastro se haya podido seguir.”

En su momento, el mexicano se habría convertido en una pieza clave entre los más de 15 mil guerrilleros extranjeros que han viajado para unirse a la yihad (guerra santa).

Circuló en su momento una fotografía de este mexicano, de quien hoy se dice que ha muerto en la ciudad kurdo-siria de Kobane.

También hay otro estudio publicado en el 2013 del Instituto Británico de Defensa IHS Jane´s, al que poca atención se le ha prestado. Éste dice que 150 personas mexicanas o de origen mexicano viajaron a Siria para luchar en contra de Bashar al Assad, de los cuales casi la mitad ha muerto.

Muy poco se sabe de los yihadistas latinoamericanos. Muchos han simplemente desaparecido o han sido enterrados en fosas comunes, según han declarado miembros de esa organización.

Esto nos debe mostrar, como sociedad, lo importante que es que nuestros jóvenes tengan un sentido de pertenencia y de orgullo. No podemos dejar pasar el hecho de que algunos mexicanos estén volteando hacia el crimen organizado y en casos al Estado Islámico, precisamente para buscar ese reconocimiento.

 

bibibelsasso@hotmail.com
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@bibianabelsasso