Back

Cuando los presidentes enferman

La neumonía de Hillary Clinton ha sido tomada por muchos, incluyendo los mercados, como si se tratara de un grave cáncer terminal. Es verdad que enfermar a menos de dos meses de una elección no es la mejor opción para acallar rumores, pero el hecho es que enfermar a un político, sobre todo a un presidente o candidato, suele ser uno de los recursos más socorridos para tratar de desprestigiar, anular o echar dudas sobre un adversario.

La señora Clinton, de 68 años, no está enferma de gravedad como han especulado muchos blogs republicanos; no ahora con el tema de la neumonía, sino desde muchos meses atrás. De llegar a la presidencia de Estados Unidos, al tomar el poder tendría una edad bastante aceptable. Pero desde hace meses dicen que tiene problemas de corazón, incluso secuelas de una lejana operación de un coágulo cerebral, o que su edad debe hacer pensar en un vicepresidente funcional.

Olvidan, por ejemplo, que el propio Partido Republicano llevó a Ronald Reagan a la reelección cuando en su círculo íntimo se sabía que comenzaba a tener síntomas de Alzheimer. O que nadie sabe con exactitud cuál es el estado de salud de Donald Trump, pese a que su médico de cabecera asegura que será el mandatario con mejor estado de salud en la historia de la Unión Americana sin dar un solo dato que respalde la afirmación… considerando además que Trump tiene prácticamente la misma edad que Hillary.

El hecho es que, más allá de la inoportuna neumonía, el único problema de Clinton es un añejo padecimiento de hipertiroidismo. Esta misma semana se supone que habrá regresado a la campaña, aunque el mal que la dejó en cama esta semana seguirá, hasta las elecciones, siendo uno de los leitmotiv del equipo de Trump.

Pero no estamos hablando de algo nuevo. En México durante todo el sexenio han enfermado al Presidente Peña Nieto, aunque sus padecimientos no han pasado de una intervención de la tiroides y otra de la vesícula biliar. Si el Presidente adelgaza es que tiene una grave enfermedad y si se le ve menos bronceado también. Tampoco es novedad: que se recuerde también han enfermado a Zedillo, a Fox y a Calderón.

Muchos creen que el padecimiento cardiaco que López Obrador sufrió hace dos años ya lo sacó de la competencia para el 2018, aunque no haya fundamento alguno para ello. Cuando Miguel Mancera fue sometido a una operación que de rutina pasó a ser de urgencia, en algunos medios y en redes sociales lisa y llanamente lo dieron por muerto. A una exprimera dama y a un expresidente en forma infame los acusaron de alcohólicos y la cantidad de gobernadores que han pasado por trances similares es innumerable.

Extrañamente el Presidente mexicano posrevolucionario que tuvo peor estado de salud terminó su mandato siendo el más popular del siglo xx: fue Adolfo López Mateos, quien sufría de graves neuralgias que lo tenían postrado por horas y a veces por días; murió poco después de dejar Los Pinos. Su contemporáneo, el juvenil John F. Kennedy, tenía todo tipo de padecimientos, incluyendo una avanzada enfermedad de Addison, una grave lesión en la columna y daños por el consumo de todo tipo de medicamentos para calmar el dolor. Y no hablemos de Franklin D. Roosevelt, reelecto por tercera ocasión en plena Segunda Guerra Mundial, a pesar de que se sabía que difícilmente concluiría ese encargo.

Entonces habrá que desearle a Hillary Clinton una pronta recuperación, para que siga en campaña, acalle los rumores y, si es posible, termine por dejar a Donald Trump muy lejos de la Casa Blanca.

bibibelsasso@hotmail.com 
Twitter:
 @bibianabelsasso