Y Facebook votó por Trump

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Por eso fue enorme la sorpresa que se llevaron en Google y Facebook cuando se descubrió, pasada la elección presidencial del martes 8 de noviembre en Estados Unidos, que esas redes en realidad habían contribuido en forma notable al triunfo de Trump.
¿Cómo?: al permitir la publicación de información falsa y calumniosa contra Clinton y su campaña, a partir de páginas que a su vez comercializaban su contenido a través de las propias Google y Facebook. El mecanismo era sencillo: se publicaba información falaz a través de diversos portales que se comercializaban por esas redes, que de esa forma lograban que su información quedara colocada en forma privilegiada en las mismas, y con la venta se financiaba y reproducía cada vez con mayor intensidad la información calumniosa contra Clinton y los demócratas. No siempre se trató de páginas o periodistas profesionales o siquiera amateurs. Se ha encontrado, por ejemplo, que la información de esas páginas y portales provenía de distintas partes del mundo, algunas tan lejanas a Estados Unidos, como Macedonia, y que ni siquiera eran alimentadas por redactores, sino por algoritmos que reproducían información enviada a su vez desde otros ámbitos. Ahora Facebook y Google quieren evitar que se repita el esquema al impedir no la publicación de esa información falsa, porque dicen que no pueden hacerlo, sino su comercialización. Pero el daño ya está hecho: la calumnia en las redes, orquestada y manejada profesionalmente, ya es una realidad. Twitter, el lugar donde más se ha desarrollado esa perversa forma de comunicación, no ha logrado concretar su venta porque sus potenciales compradores están preocupados por los mensajes de odio y las calumnias organizadas en campañas que no son identificadas, que están llevando a muchos a abandonar esa red, lo que obviamente está depreciando su valor. Muchos han dicho que los grandes medios en Estados Unidos apoyaron a Trump y es verdad. Pero no fueron todos ni tampoco los que tuvieron mayor penetración cotidiana: en las redes, en muy buena medida por estos mecanismos, ganó Trump; en las radios locales de AM, clave para el voto de los blancos pobres y con conductores en general de ultraderecha o de la neoultraderecha, la hegemonía de Trump fue absoluta. Cuando muchos se preguntan por qué un personaje como Stephen Bannon ha quedado como asesor en jefe del presidente electo, la respuesta es porque desde la jefatura de la campaña y desde el controvertido portal Breitbart News fue el que organizó el caudal de información que terminó por dar el triunfo a Trump. En México no tenemos el grado de penetración de Internet que en Estados Unidos, pero el peso que tiene la información falsa y calumniosa en las redes es cada día más decisivo y será clave en el 2018. Hay temas que en México se han impuesto en la agenda cotidiana (y que determinan el llamado humor social) con mecanismos muy similares a los utilizados por la campaña de Trump, desde la casa blanca hasta el “fue el Estado”, en el caso Iguala. No importa qué es verdad y qué es mentira, qué es información u opinión verídica o la enviada por alguna máquina programada para hacerlo. Si en los años 30 Goebbels impuso con su mecanismo de propaganda el régimen nazi explicando que una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad, imagine usted lo que sus descendientes políticos pueden hacer con los medios de comunicación y las redes contemporáneas. bibibelsasso@hotmail.com |