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Secuestran y matan con debido proceso

Silvia Vargas Escalera, la hija de Nelson Vargas, tenía 18 años de edad el 10 de septiembre de 2007, día en que fue plagiada alrededor de las 6:45 horas, cuando se dirigía de su casa al colegio Alexander Bain, ambos al sur de la ciudad.

Sus captores pertenecían a la banda Los Rojos: Cándido, Manuel y Raúl Ortiz González El Azul, hermanos de Óscar Ortiz González, quien se desempeñó como chofer de la familia Vargas Escalera durante dos años y fue despedido porque se detectó que había sustraído varias cosas de la casa.

Silvia reconoció a sus captores: el líder de la banda, El Azul, era hermano del exempleado de la familia Vargas. Silvia los veía cuando visitaban a su consanguíneo y fue asesinada a los tres días de haber sido plagiada. Aun así los secuestradores continuaron negociando con el profesor Vargas para pedir dinero.

El que levantó a Silvia y la llevó a una casa de seguridad es Isidro Solís Medina, El Chilo, quien acaba de quedar en libertad por fallas al debido proceso. El magistrado federal José Merced Pérez Rodríguez argumentó que el implicado no estaba en compañía de su abogado cuando se presentó ante la cámara de Gesell para ser identificado. Hay que recordar que las leyes han cambiado y ése es un requisito que no aplicaba en el sistema penal del 2009. No se pueden tomar criterios retroactivos, porque con base en esto, si se aplican las leyes actuales para procesos más antiguos, todos los delincuentes van a quedar en libertad.

El magistrado José Merced Pérez Rodríguez ni siquiera informó a las víctimas que se anularía el proceso y se liberaría a uno de los secuestradores de la hija de Nelson Vargas. Estaba obligado a notificar a todas las partes y no lo hizo. Ese grupo delictivo comenzó a secuestrar en 1996 y hasta 2008 se le había relacionado con 11 plagios denunciados en el ámbito federal.

¿Sabe usted por qué se enteró la familia Vargas de que el plagiario de su hija estaba en libertad? Este mismo sujeto plagió un año antes, en el 2008, a un joven a quien vamos a llamar Juan. Él estuvo en cautiverio durante 15 días y después fue liberado, pero, además del rescate que se pagó, El Azul El Chilo le exigieron otros 400 mil pesos y lo continuaron extorsionando. La víctima había reconocido a El Chilo porque trabajaba cerca de su oficina.

En ese entonces Juan contacta a Isabel Miranda de Wallace para que lo auxiliara. Se monta un operativo por parte de la unidad antisecuestros de la PGR y detienen a El Azul, quien se lesiona durante la aprehensión y es enviado al hospital de Xoco, de donde escapa días después. El Chilo sí llega a la cárcel porque Juan cooperó con las autoridades para atrapar a sus captores. Denunció e identificó a El Chilo en la cámara de Gesell, según las leyes que regían en ese entonces.

Se arriesgó y supo que Isidro Solís Medina había sido liberado desde mediados del 2015 porque se topó con él en la calle muy cerca de su oficina.

¿Se imagina usted ser secuestrado, tener el valor de denunciar, participar en el operativo para capturar al plagiario y que mientras usted piensa que ese delincuente estará mucho tiempo en la cárcel ocho años después se lo encuentra en la calle cerca del negocio de usted?

Así es como sabemos hoy que El Chilo, uno de los secuestradores de Silvia Vargas, está en la calle por los criterios o corrupción de un magistrado, quien seguramente no sabe lo que es haber sido secuestrado o que secuestren a un hijo.

bibibelsasso@hotmail.com
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