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Los padrotes de Tenancingo, sin pudor

La prostitución y la trata de personas han sido desde hace muchos años una práctica tolerada en Tlaxcala. Tanto que, de los años 2008 a 2014, las denuncias pasaron de 57 a 171 y el Ministerio Público emitió unicamente siete sentencias condenatorias.

Hace poco más de dos años publicaba en este espacio que los padrotes de Tenancingo se reunían dos veces al año para intercambiar mujeres y llevárselas a sus negocios establecidos, muchos de ellos fuera de México.

Gran parte de la red de padrotes de esa región opera, y lo escribíamos en ese entonces, en Nueva York. Explicaba que las nuevas víctimas eran encerradas en casas, con poca comida, amenazadas y obligadas a sostener relaciones sexuales hasta con 20 hombres distintos al día, quienes podían hacer lo que quisieran con ellas, excepto matarlas.

Las autoridades mexicanas no hicieron gran cosa, hasta que en enero de este año el gobierno de Estados Unidos colocó a cinco mexicanos en la lista de los 10 más buscados por tráfico de personas con fines sexuales, dos de ellos de Tenancingo: Paulino Ramírez Granados y Raúl Granados Rendón. Paulino fue finalmente detenido la semana pasada.

La organización criminal empezó a desmantelarse en 2011, cuando autoridades norteamericanas identificaron a 19 integrantes de esta banda, 13 de los cuales forman parte de la familia Granados. En ese momento se pudo rescatar a 25 víctimas mexicanas.

La investigación inició cuando una de ellas acudió a una organización no gubernamental y dio información a las autoridades sobre cómo operaban sus captores, así como de los abusos físicos y sexuales que sufrió por parte de la organización comandada por los Granados.

La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos también identificó a las familias tenancinguenses Romero, Guzmán, Notario, Rojas, Jiménez, Calderón, Flores, Zacatero y Carreto como las más prominentes en el negocio de la trata, una industria en la que comparten espacios con pandillas en Estados Unidos.

Es una vergüenza que tengan que ser las autoridades estadounidenses las que presionen a las autoridades de Tlaxcala para empezar a atacar este delito que tanto perjudica a las víctimas de trata. Un delito sobre el cual la mayoría de los habitantes de Tlaxcala sabe quiénes son los padrotes y dónde se encuentran.

En 2010 la tesis universitaria “Lenocinio como proyecto de vida de niños y adolescentes de Tenancingo, Tlaxcala” reveló que: 89 por ciento de las personas encuestadas reconoció que las práctica de lenocinio que se ejerce en la comunidad influye en los niños. 20.7 por ciento de los padres encuestados reconoció que su hijo ha manifestado su interés de ser padrote. 71.3 por ciento de los niños sabe lo que es un padrote. Y muchos de esos menores afirman que les gustaría trabajar regenteando mujeres, ya que los padrotes tienen beneficios como una o más mujeres que los mantienen. Un 46.8 por ciento de los menores contestó que los tratantes de personas tienen mucho dinero, casas y autos lujosos sin trabajar.

Las autoridades de Tlaxcala han declarado que es difícil detener a estos criminales porque las víctimas están amenazadas y no declaran. ¿Y no pueden investigar a estos sujetos y detenerlos en flagrancia? La cosa es que ese negocio genera millones de pesos.

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