“La vida depende mucho de los equipos y la estrategia, y eso no te lo enseña la escuela”: Un Café Con Agustín Carstens

Agustín Carstens es aficionado al deporte. De niño practicaba tenis y jugaba beisbol. Al paso de los años, lo aprendido en las canchas lo trasladó a la función pública: el juego en equipo y la estrategia son fundamentales en el quehacer administrativo, indica. El gobernador del Banco de México, criticado por comprar seguros petroleros cuando fue secretario de Hacienda, lo que posteriormente resultó “una operación muy exitosa”, está acostumbrado a ganar. No se desespera, resuelve un juego a la vez.
Bibibana Belssaso: Naciste aquí, en la Ciudad de México. ¿Cómo fueron esos primeros años de vida?
Agustín Carstens: Fue una vida relativamente normal. Yo nací en el 58. La Ciudad de México era entonces más habitable. Vivía en Coyoacán. Había muchos llanos, podíamos salir al campo. Recuerdo el 68 por distintas razones: yo vivía cerca de CU, entonces había una gran movilización de los estudiantes por la situación, después el Ejército se movilizó. También recuerdo la emoción de las Olimpiadas. Son diferentes episodios que uno recuerda. Yo jugaba mucho beisbol, diría que fue una infancia bastante feliz.
Belssaso: ¿Recuerdas precisamente la fecha del 2 de octubre del 68?, ¿dónde estabas?
Carstens: El día, como tal, no lo recuerdo, pero sí me acuerdo, por ejemplo, que yo jugaba beisbol en la Liga Olmeca y esa liga se encontraba en la esquina de Miguel Ángel de Quevedo y Universidad, entonces íbamos a entrenar y ahí había tanques del Ejército, yo le preguntaba a mi mamá: “¿oye qué está pasando?” Son cosas que se me quedaron grabadas en la memoria, pero ese día en particular no lo recuerdo muy bien.
Belssaso: Tu mamá, Paulina, ¿cuántos hijos tuvo?
Carstens: Somos cinco. Ella es de Guadalajara y también íbamos mucho para allá, porque siempre fue una madre muy dedicada a nosotros. Nos dedicó mucho tiempo, mucha atención, nos cuidó muy bien; la verdad es que no me puedo quejar.
Belssaso: ¿Iban siempre a pasar la Navidad con la familia de tu mamá?
Carstens: La Navidad la pasábamos aquí, pero las vacaciones de verano nos las pasábamos en Guadalajara.
Belssaso: ¿A qué se dedicó tu papá?
Carstens: Mi papá era contador. Trabajaba en una agencia de distribuidores de camiones y él nos inspiró mucho el valor de la educación y también el amor al deporte, la verdad es que sí fue un gran impulsor para que, cuando menos mi hermano y yo, estuviéramos muy dedicados al deporte. Su favorito era el beisbol.
Belssaso: ¿Dónde estudiaste?
Carstens: Desde el kínder hasta la preparatoria estudié en el Colegio Alemán; de hecho Carstens es un apellido germano, yo desciendo de inmigrantes alemanes.
Belssaso: ¿Cómo era estudiar en el Colegio Alemán?
Carstens: Era una escuela bastante demandante y, con todo, logré salir avante.
Belssaso: ¿Cómo lo lograste? Ponías atención y ya no tenías que estudiar más…
Carstens: Exactamente, ponía atención.
Belssaso: ¿Tenías que estudiar mucho?
Carstens: Si yo hubiera querido una calificación un poco mejor, hubiera tenido que hacer más tarea, pero salía relativamente bien sin mucho esfuerzo y el resto del tiempo lo dedicaba al deporte: jugaba mucho beisbol, también empecé a jugar tenis. Entonces, para mí las tardes eran, más que nada, un espacio para hacer otras actividades.
Belssaso: La gente dice que si te va medianamente bien en la escuela, y haces deporte, tienes más posibilidades de que te vaya mejor, ¿no es así?
Carstens: Yo creo que sí. Que es una buena división del trabajo durante el día, el deporte es mucho más formativo que el simple ejercicio, el simple beneficio que uno obtiene en su organismo ayuda mucho para conocer otra gente, por ejemplo. El beisbol es un juego de equipo. También sirve pensar que uno en la vida depende mucho de los equipos o de la estrategia, además hay que pensar hacia delante, calcular lo que hay que hacer en las entradas, qué relevos va a hacer uno, etcétera.
Belssaso: ¿Cómo fue que aplicaste el juego en equipo y la estrategia en tu vida profesional en este cargo tan importante que tienes ahora y lo que hiciste en la Secretaría de Hacienda?, ¿todo es de equipo y de estrategia?
Carstens: Sí, exactamente. Esos elementos básicos uno los va adquiriendo de joven y no necesariamente en la educación formal. En la educación formal, uno aprende las cuestiones técnicas, las cuestiones fundamentales, pero después cómo aplica uno esos conocimientos, y sobre todo, cómo los aplica uno a la vida real, es un reto en sí mismo, ¿no? Y la verdad es que uno sí debe tener ciertas habilidades para poder desempeñar puestos públicos de responsabilidad y sobre todo hacer equipo.
Belssaso: Si alguien conoce los escenarios ese eres tú, en el 2008 el seguro que compras para poder proteger el precio del barril de petróleo fue muy discutido. Todo mundo te decía: ¿para qué vas a gastar tanto dinero en un seguro?, y al poco tiempo se desploman los precios del petróleo y las finanzas del país permanecieron estables gracias a tu medida.
Carstens: Así es. Esa fue una buena práctica que se ha continuado, los mercados ofrecen ese seguro, nosotros tomamos ventaja de ello y la verdad es que resulto ser una operación muy exitosa, me acuerdo que me dieron un premio como el mejor Trader de Petróleo y lo pusieron en la primera página del Financial Times. La nota decía: “Agustín Carstens, el mejor Trader de Petróleo, pero el peor pagado”, lo cual me llamó mucho la atención.
Belssaso: Quiero regresar un poco al pasado. Cuando estudias en Chicago —son años importantes para ti—, y haces un doctorado de cuatro años, en tan sólo tres; ese es un lugar muy frio en invierno…
Carstens: Yo me fui quizá en uno de los momentos más críticos de la historia moderna de México en materia económica. Me voy en septiembre de 1982, cuando se nacionaliza la banca y hay control de cambios, entre otras cosas.
Belssaso: Cuando el peso se iba a defender, en la época del presidente López Portillo, ¿te refieres a eso?
Carstens: Yo me fui cuando la defensa no funcionó y se nos vino el mundo encima. El Banco de México daba varias becas, y Héctor R. Retana, quien era mi jefe en ese entonces, logró que se mantuviera la mía y me dijo: “pues vete, te damos dinero de aquí a tres meses y ya después a ver qué pasa”, y me fui. Después regresó Miguel Mancera, y él sí mantuvo ese programa, pero Mancera me decía: “pues apúrate, apúrate, apúrate, porque la situación está muy apretada.”
Entonces me puse a trabajar muy en serio y saqué el doctorado en un tiempo récord de dos años y diez meses.
Belssaso: En ese tiempo conociste a tu esposa y te volviste aficionado al jazz, además encontraste a tu equipo favorito de beisbol, los Cubs…
Carstens: Sí, fue una época estimulante, obviamente lo era en lo intelectual, es de lo mejor que a uno le puede pasar, entonces había muchos premios Nobel en la Universidad de Chicago, como todavía; mi esposa estaba en el programa de Economía, entonces entre una actividad y otra…
Belssaso: ¿Ella es estadounidense?
Carstens: Ella es estadounidense, sí; y entonces doy un paso muy importante en mi vida, en lo personal y lo más satisfactorio es que llevamos 30 años de casados. Hemos vivido aquí en México la gran mayoría de ese tiempo; ella ya ha vivido más tiempo aquí que en su propio país.
Belssaso: Y no tienen hijos, pero tus perros, ¿son como hijos?
Carstens: Sí, sí, exactamente, somos muy aficionados a los pugs.
Belssaso: Hay una historia: tenías un perrito de edad muy avanzada, te ibas a ir a Washington y preferiste irte en coche de México a esa ciudad con tal de que tu mascota pudiera viajar, ¿es verdad?
Carstens: Sí, eso es cierto. La primera vez que estuve en el Fondo Monetario Internacional, como director ejecutivo representando a México, España, Venezuela y Centroamérica, tenía que viajar mucho; la sede estaba en Washington y era un perrito que llevaba con nosotros 13 años, estaba ciego y sordo, sólo podíamos dejarlo aquí o llevarlo con nosotros.
Belssaso: ¿Por qué no podía volar?
Carstens: Ya estaba mal del corazón, hacerlo no era recomendable medicamente, entonces dijimos: “bueno, ha sido miembro de nuestra familia, casi nuestro hijo, ni modo que lo dejemos aquí” . Y fue un viaje bonito, al final del día, no fue desagradable. Sólo tuvimos que hacer ese esfuerzo.
Belssaso: Llevas ya mucho tiempo en el Banco de México, este edificio es maravilloso y un lugar muy importante, ¿conoces las entrañas de cómo se opera aquí?
Carstens: Sí, desde abajo. Yo entré de cambista auxiliar en 1980, un 15 de septiembre. Ahorita son 36 años de carrera, de esos, 26 los he pasado aquí; los otros 10: cinco o más en la Secretaría de Hacienda y cuatro años y medio en el Fondo Monetario Internacional.
Belssaso: Tu paso por la Secretaría de Hacienda, ¿fue importante?
Carstens: Muy importante, y formativo.
Belssaso: Pero entras primero con Vicente Fox a la Subsecretaría, y ya después te quedas de secretario de Hacienda con el Presidente Calderón, ¿no es cierto?
Carstens: No, primero fui subsecretario con Paco Gil, por dos años y medio, y después me voy al Fondo Monetario Internacional, luego regreso como secretario. Yo creo que es muy importante. El Banco de México es una gran institución, pero también es fundamental ver la economía desde otro punto de vista, desde otro ángulo, y al final uno entiende mucho mejor la realidad nacional al salir del Banco de México y no hay mejor escaparate para eso que la Secretaría de Hacienda. Obviamente, con todo el proceso presupuestal uno se enfrenta a la realidad del país porque cada vez que había que alistar un presupuesto era necesario tener reuniones con cada secretario y la verdad es muy difícil decidir. Obviamente, la palabra final siempre la tomaba el presidente.
El presupuesto se presentaba a la Cámara y después la Cámara misma decide; esa es nuestra democracia.
En el Banco de México uno se da cuenta de las carencias y realidades que tiene el país y eso hace, digamos, que uno revise la función que realiza aquí en el banco, con una visión más amplia, uno se vuelve más consciente de las dimensiones en que puede incidir esta importante institutición en nuestra sociedad.
Belssaso: ¿Cuál es el día más feliz de tu vida?
Carstens: Yo creo que el día que mi esposa me dijo que sí se quería casar conmigo.
Belssaso: ¿El día más triste?
Carstens: Cuando murió mi papá, no hace mucho, éramos muy cercanos, a él le debo mucho de mi formación en la vida.
Belssaso: Complétame esta frase, Agustín Carstens es…
Carstens: Un banquero central dedicado y entregado a su país.
