La terrorífica cuesta de enero

Venimos regresando de las vacaciones y el primer golpe que recibí es cuando llené el tanque de gasolina de mi coche, con un aumento del 20 por ciento. Otro incremento fue el del predial. Inmediatamente después el precio de la luz y del gas.
¿Si estoy furiosa? Al igual que muchos de ustedes, por supuesto que sí. ¿Que si era de esperarse? También la respuesta es afirmativa.
El tema de la gasolina está escrito en la Reforma Energética. La liberalización de los combustibles está prevista en la Ley, la cual se contemplaba para 2018, sin embargo, el Gobierno federal propuso adelantarla para 2017 por la situación económica que estamos atravesando y el Congreso votó a favor.
Ahora los partidos políticos quieren sacar raja del gasolinazo, pero la decisión fue avalada por el Congreso de la Unión, con votaciones a favor en ambas cámaras.
Lo que la población vio desde el 1 de enero de 2017, son los precios regionales máximos que la Secretaría de Hacienda estableció en tanto se libera el precio en cada una de las 90 zonas en las que se dividió al país.
Para 2017, la fluctuación del precio de los combustibles estará más apegada a lo que suceda con los precios internacionales y reflejará los costos de calidad, distribución, además de impuestos y el margen de ganancia de las estaciones de servicio. Además habrá una diferenciación regional.
El pasado 20 de octubre, en el Pleno de la Cámara de Diputados, se aprobó el proyecto de Ley de Ingresos de la Federación para el ejercicio fiscal de 2017. Y el pasado 26 de octubre, el Senado de la República aprobó la Ley de Ingresos y el paquete fiscal para el 2017, sin cambio alguno y la remitió al Ejecutivo federal para su promulgación.
Fue ahí que los legisladores aprobaron adelantar la liberalización de los precios de las gasolinas y diesel de manera “ordenada y gradual” para el 1 de enero de 2017, con la intervención de la Comisión Reguladora de Energía en la determinación del costo de venta al público en general, tomando en cuenta la opinión de la Comisión Federal de Competencia.
Los diputados y senadores dicen que fue una medida que se tuvo que tomar. En el mundo el precio del barril de petróleo crudo subió de 25 a casi 40 dólares en los últimos meses.
Pemex ha tenido una progresiva disminución de su producción en los últimos años y aumentó el consumo: México es el cuarto mayor consumidor per cápita de combustibles a nivel internacional.
Más de la mitad (53%) de la gasolina que se consume en México es importada y más cara, pues el dólar también se ha encarecido.
Hasta la semana pasada, el precio que se pagaba por la gasolina era ficticio, no correspondía al costo que implicaba producirla o importarla. Se gastaban cerca de 200 mil millones de pesos al año para mantener el precio artificial.
A lo largo de 2017 se irá liberalizando el precio, con la finalidad de que en 2018 el mercado lo determine, como ocurre con prácticamente con cualquier otro producto que consumimos.
Muchos lo ven como un impuesto indirecto, pero hay un dato que me llamó la atención. Las personas que más ingresos tienen gastan el 20 por ciento de su sueldo en gasolina, y esto es por el tipo de coches que utilizan. El más pobre el 11 por ciento.
Lo mismo pasó con el predial aquí en Ciudad de México. Como a la CDMX le redujeron casi el 40 por ciento del fondo de capitalidad, se aumentó el predial, pero sólo a la clase media–alta.
Ahora, ¿usted cree que en la cámaras se votaría a favor de una disminución a la cantidad de dinero que reciben los partidos políticos? Tan sólo para el 2017 se tiene un presupuesto para los partidos de cuatro mil 138 millones 727 mil pesos, para el mantenimiento de las actividades de los institutos políticos nacionales con registro.
El Gobierno federal lo propuso y los partidos aprobaron el gasolinazo. Probablemente era necesario, pero ni uno ni otros se dignaron a explicárselo a la ciudadanía. Tampoco han tomado medidas de ajuste alguna sobre sus propios ingresos. Están cosechando, con el enojo social, lo que sembraron.
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