“En la fotografía, el cuarto oscuro se ha cambiado por programas de computadora”: Un Café Con Cristina Kahlo

Cristina Kahlo, sobrina nieta de Frida Kahlo, es una de las fotógrafas y curadora mexicanas más destacadas de la actualidad. Aunque comparte profesión con Guillermo Kahlo, padre de Frida, quien fue un importante fotógrafo en la época de Porfirio Díaz, cuenta que ella se introdujo en esta disciplina por influencia de su propio padre. “Él todo el tiempo estaba tomando fotografías y posteriormente las revelaba en ese laboratorio, en ese cuarto oscuro que para nosotros era así como el cuarto secreto”, comenta. Sobre Frida, la también curadora recuerda que en su familia se habla de ella como uno de sus miembros, pues aún no era la figura que es ahora. Se le veía como una mujer de carácter fuerte y como la esposa de Diego Rivera, comenta.
Bibiana Belsasso: Me da muchísimo gusto hacer esta entrevista con una de las mejores fotógrafas contemporáneas de México: Cristina Kahlo, sobrina nieta de Frida Kahlo. ¿Tu abuela era la hermana menor de Frida Kahlo?
Cristina Kahlo: Exactamente, mi abuela era Cristina, hermana menor de Frida.
Belsasso: Tú heredas del papá de Frida, que fue un fotógrafo fantástico y maravilloso, este amor por la fotografía. Platícame cómo era Guillermo Kahlo, la fotografía que hacía, porque tú fuiste curadora, hiciste una exposición de tu bisabuelo hace unos años.
Kahlo: Guillermo Kahlo viene de Alemania. Su nombre original era en alemán, Wilhelm Kahlo. Cuando llega a México, muy joven, a los 17 años, descubre una profesión, que es la fotografía y se especializa en arquitectura. Fue un gran fotógrafo especializado en arquitectura, él mismo se reconocía como tal. En la época de Porfirio Díaz, cuando el secretario de Hacienda era José Yves Limantour, le asignaron fotografiar los monumentos novohispanos y de ahí es que viene su fama. Trabajó para Casa Boker y para la Ferretera de Monterrey, Fierros y Aceros de Monterrey. Realmente es un gran legado, es un gran patrimonio fotográfico el que él deja.
Pero, realmente, a mí, el interés por la fotografía me viene de mi padre, no tanto de Guillermo Kahlo, mi bisabuelo, quien había sido un gran fotógrafo cuando yo ya estaba estudiando fotografía. Entonces realmente mi gusto por la fotografía viene de mi padre que también en su juventud hizo fotografía. Nunca se dedicó profesionalmente, pero él hizo algunos retratos de Frida Kahlo, de su tía, bastante emblemáticos, muy conocidos. Fue con él justamente que yo entré por primera vez a un laboratorio fotográfico.
Belsasso: ¿Tu papá trabajó como fotógrafo o era su hobby?
Kahlo: No, era hobby. Él intentó trabajar de fotógrafo, pero ya al momento en que vio que era difícil mantener a la familia y los hijos, se dedicó a otra cosa; trabaja para una empresa, pero la fotografía siempre la mantuvo como un hobby. Por eso en la casa donde vivíamos, la casa familiar en Coyoacán, había un laboratorio. Él todo el tiempo estaba tomando fotografías y posteriormente las revelaba en ese laboratorio, en ese cuarto oscuro que para nosotros era así como el cuarto secreto, porque había una combinación para entrar. Como éramos chicos, les daba miedo que nos metiéramos por los químicos, aunque eso generaba todavía mayor curiosidad, porque era el cuarto secreto, no era el cuarto obscuro.
Belsasso: ¿Qué pasó cuándo por fin te dejaron entrar al cuarto secreto?
Kahlo: Fue una fascinación absoluta. Debí haber tenido 10 años cuando más y mi gran ayuda, mi gran aportación a lo que hacía mi papá, era mover las charolas con los químicos.
Cuando revelas una fotografía en blanco y negro, el papel entra al revelador, que es incoloro, es como ver agua transparente y de repente empezaba a aparecer una imagen, del día de campo, del retrato que le había hecho a mi hermano, o a mí. Es como ver hacer magia.
Belsasso: ¿Y qué pasa ahora? Ha cambiado muchísimo la fotografía.
Kahlo: Sí, con la fotografía digital. El cuarto obscuro se ha cambiado, se ha trasladado a la computadora y sus programas. Es muy distinto y los resultados también pueden ser muy distintos.
Belsasso: ¿Tienes nostalgia por la fotografía que hiciste durante años?
Kahlo: No, porque la sigo haciendo, sigo trabajando técnicas antiguas, como el platino, el cianotipo y plata sobre gelatina que ya ahora también es como considerada antigua. Aunque trabajo todo, fotografía argéntica, digital, son dos lenguajes totalmente distintos.
Belsasso: En tu casa de Coyoacán había mucha cultura, muchos aromas, muchos sabores, porque tu mamá, quien es chef, cocina espectacular.
Kahlo: Sí, tenemos debilidad por la comida. Estamos muy mal educados en ese sentido. Mi mamá que es una extraordinaria chef nos acostumbró a comer bien, buenos platillos, bien elaborados, pero sobre todo con mucho amor.
Belsasso: ¿Cuándo descubres que te quieres dedicar a la fotografía?
Kahlo: Yo descubrí que quería ser fotógrafa desde que entré al laboratorio con mi papá. Él falleció cuando yo tenía 13 años, más o menos, entonces no hubo mucha oportunidad de que me enseñara propiamente.
Belsasso: ¿De qué falleció tu papá?
Kahlo: De un infarto. Fue una cosa muy repentina. Murió muy joven, tenía 42 años, no hubo oportunidad de que fuera él quien me enseñara propiamente, pero el primer chispazo de amor por la fotografía fue a través de él. Posteriormente entré a estudiar a la Escuela Activa de Fotografía, cuando empecé a sentir que lo que quería hacer era fotografía.
Belsasso: ¿Se queda el cuarto oscuro de tu papá en tu casa?
Kahlo: El cuarto se mantuvo. De hecho, siempre fue el laboratorio que usé cuando entré a estudiar fotografía, en el plantel de Coyoacán, que quedaba muy cerca de la casa. Ahí fue fantástico para mí porque tenía cerca la escuela, tenía el laboratorio en casa y eso fue el principio, el arranque. Posteriormente me fui a España a estudiar a Madrid, también fotografía, y regresando a México la dejé por un tiempo porque entré a trabajar a una galería de arte. Después abrí mi propia galería en Coyoacán.
Belsasso: ¿Tenías obra de artistas consagrados en la galería?
Kahlo: Había consagrados y no tan consagrados. Fue una de las primeras galerías que manejó fotografía en México. Exponíamos fotografía cuando ésta todavía no era muy considerada como una inversión para los coleccionistas. Se tenía la idea errónea de que una buena foto cualquiera la hacía con una buena cámara. En esa época se empieza a romper con eso.
Belsasso: Ahora está de moda la fotografía, hay fotos que pueden alcanzar precios exorbitantes.
Kahlo: Sí, actualmente la fotografía está muy bien posicionada dentro de las artes plásticas. Hay dos factores importantes ahí. Por un lado, hay un reconocimiento indudable hacia la fotografía, ya no nos cuestionamos si es arte o no. Por otro lado, el arte conceptual se respalda mucho en la fotografía, por lo que hay mucha foto en el mercado del arte.
Belsasso: Un claro ejemplo son fotos intervenidas.
Kahlo: Una de las cosas que siempre me ha gustado, que incluso caracteriza mi trabajo, es que me gusta mucho el manipular la imagen. Puede ser una imagen manipulada en computadora, pero eso es reciente. Originalmente mis fotografías estaban intervenidas con color, aplicaciones, collage… Siempre me gusta intervenir la imagen, la fotografía es un pretexto para crear una imagen.
Belsasso: Además de fotógrafa, has sido curadora. Curaste la exposición de Frida Kahlo que se hizo hace unos años en el Palacio de Bellas Artes.
Kahlo: Es un trabajo que tiene que ver con la educación visual. A partir de que tuve la galería alternativa, primero, y después la Galería Kahlo-Coronel con Juan Coronel, de alguna manera tuve esta habilidad de unir piezas, es como un rompecabezas. En el caso de la exposición que mencionas fue como armar un rompecabezas de su vida a través de la imagen. Es algo que me gusta mucho, lo hago cuando tengo tiempo y me lo solicitan y lo puedo hacer porque se necesita dedicarle tiempo.
Belsasso: ¿Qué se platicaba en tu casa de tu tía abuela, Frida Kahlo?
Kahlo: Mientras vivió mi papá se platicaba de ella de una forma, coloquial, como hablas de alguien que es parte de tu familia, de una tía. Había historias muy simpáticas que contaba mi papá.
Belsasso: Platícanos alguna.
Kahlo: Recientemente me pidieron que escribiera un texto y me acordé de algunas anécdotas. Para mí, de niña no coincidía mucho lo que contaba mi padre de Frida con las imágenes de los libros que estaban en mi casa, que no eran muchos, en esa época no había muchos libros donde estuviera publicada la obra de Frida Kahlo, pero de niña me impresionaba muchísimo. Yo pensaba: “esta mujer es atormentadísima, debe haber sufrido muchísimo”, cosa que era cierta. Pero mi papá contaba las partes alegres y fuertes de Frida Kahlo. Contaba una historia que me hacía reír muchísimo. MI papá fue con ella al cine y Frida iba vestida de esa forma que la caracteriza, con una vestimenta de tehuana, entonces una señora que estaba en la fila empezó a burlarse de ella, a reírse y le comentaba a la señora de junto: “mira nada más esta señora tan ridícula cómo viene al cine”. Frida se volteó y le metió un bofetón y le dijo: “ahora sí señora dígame lo que tenga que decirme, pero en mi cara”.
Belsasso: Era decarácter fuerte.
Kahlo: Mi papá tenía en esa época 13, 14 años. Imagínate el aprieto. Pero hablaba de estas cosas de una mujer con una personalidad fuerte, pero a la vez con sentido del humor. Eso era lo que se hablaba de Frida, estas partes simpáticas y anecdóticas. De las posadas, por ejemplo, que hacían en la Casa Azul, que actualmente es el Museo Frida Kahlo, ese tipo de cosas. En ese momento, Frida Kahlo no era ni por asomo de equivocación lo que es ahora.
Belsasso: ¿En qué momento te das cuenta de que tu tía abuela es este figurón?
Kahlo: Lo que pasa es que el figurón fue creciendo. Cuando yo tenía 10 años vi por primera vez su obra. En ese momento era la tía, nada más, o era la esposa de Diego Rivera, en el ambiente cultural. Pero a partir de los ochenta que es cuando Hayden Herrera escribió su biografía, empieza una cosa incontenible, el mito, el personaje, el interés, sobre todo en Estados Unidos y posteriormente en otros países. Después rebota a México como a veces sucede desgraciadamente. Pero muchos años fue la tía, una parte de nuestra familia, nada más.
Belsasso:¿Cuál fue tu primera exposición?
Kahlo: Mi primera exposición individual fue en la Alianza Francesa, hace ya como 25 años. Se tituló La danza de los animales. Es la primera que yo considero importante en términos de un proyecto con una temática, no fotografías aisladas, sino realmente como un proyecto fotográfico.
Belsasso: Trabajas muchísimo, por lo menos montas dos exposiciones al año, en México y fuera, en Europa has estado muchas veces.
Kahlo: Sí, la verdad es que sí trabajo mucho, porque me apasiona lo que hago, no me veo haciendo otra cosa y, a veces, creo que los proyectos me ganan, porque ya cuando estoy terminando una cosa, estoy arrancando la siguiente. Pero siempre una exposición es la conclusión, de una idea o un proyecto. Aunque hay otras que llevan varios años, como Tiempo de danzón, que hice a lo largo de cinco, seis años, de la gente que baila danzón, de las comunidades danzoneras de Veracruz, Querétaro, Oaxaca… Ese trabajo fue extenso, pues, de repente, la exposición empezó a circular. Entonces, en un año a lo mejor tengo dos exposiciones nuevas, pero también se presenta Tiempo de danzón en alguna sede que la solicita.
Belsasso: Pero también muy distintas, porque hace unos meses presentaste una exposición en Monterrey de esculturas de la época del Renacimiento, muy europeas, intervenidas, espectaculares, y ahorita estás por presentar otra, mucho más mexicana, en el Museo Anahuacalli.
Kahlo: Todas van teniendo un hilo conductor, aunque sí reconozco que yo tengo un trabajo que es meramente documental, o sea, me doy, ése es un privilegio que tiene el fotógrafo, de trabajar una parte documental y hay otra parte que es mucho más lúdica, mucho más personal, más mía, que es esta parte donde intervengo las imágenes. Pero, esta exposición de Monterrey viene de una previa exposición que hice en el Museo Nacional de San Carlos, donde trabajé con la mirada de los espectadores, las personas que visitan los museos.
Belsasso: Que increíble ir a ver una obra de arte y después crear una obra de arte.
Kahlo: Exactamente. Es hacer la relación con el museo distinta, porque normalmente tenemos esta impresión de que los museos deben ser una cosa muy solemne. No tocar. No hablar. No gritar.
Belsasso: Ésta es obra hecha en el Museo Anahuacalli.
Kahlo: Exactamente. Y ahora, en el Museo Anahuacalli estuve trabajando de la misma forma, con los visitantes, fotografiando sus miradas. Y, por otro lado, fotografiando las piezas que forman parte del acervo de este museo, que es espectacular. Yo estoy enamorada totalmente del Museo Anahuacalli, porque en lo que contiene, en las piezas que Diego Rivera donó al pueblo mexicano está nuestra cultura. Qué bueno que las dejó para que las podemos ir a ver. Con la forma del museo, que es un teocalli, y sus piezas prehispánicas te das cuenta de que México tiene una tradición de escultura, inigualable, partiendo de estas piezas. Tuve el privilegio de fotografiar algunas de estas piezas y posteriormente con toda esta documentación vino el trabajo creativo que es unir todo esto, reinterpretar el espacio museográfico, lo que para mí representó visualizar estas piezas, el contacto con el público, incluso, en algunas de las imágenes están también el personal del museo, que es importantísimo.
Belsasso: A ti te inculcaron el arte, este amor y esa sensibilidad por la belleza, y ahora tus dos hijos también son artistas. Diego es músico y chef, y Rodrigo, que fue futbolista, y hoy es cineasta.
Kahlo: Sí. En el caso de Rodrigo, que ahora está en el cine, originalmente era futbolista profesional, cambió el balón por la cámara. Es algo interesante. Diego es muy creativo. Los dos son muy creativos desde niños y cada uno lo manifiesta ahora con el cine y la gastronomía.
Belsasso: Diego ha trabajado en los mejores restaurantes de México, también ha sido el chef de Myst, este espectáculo donde ademas se come muy bien.
Kahlo: La comida es una cosa que, como te decía, nos inculcaron en la casa. Yo creo que desde la forma en que presentas una mesa, eso ya tiene su lado de creatividad, como lo tiene lo que cocinas, es una creatividad absoluta. Lo admiro muchísimo porque yo no soy muy buena cocinera, o normal en la cuestión de gastronomía. Pero cada uno tiene su parte creativa y lo principal es que hagan algo que les apasione, eso yo creo que es una receta indiscutible.
Belsasso: ¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?
Kahlo: Yo creo que he tenido dos, el día que nació Diego y el día que nació Rodrigo.
Belsasso: ¿El más triste?
Kahlo: Cuando falleció mi papá, que fue tan inesperado y era yo adolescente. Como que uno piensa que las cosas malas siempre caen en otro lado y cuando te das cuenta que las cosas malas también pueden caer de tu lado, es algo muy fuerte. Era muy cercana a mi papá.
Belsasso: ¿Te costó mucho trabajo crecer sin papá?
Kahlo: Es muy difícil. En muchos momentos he dicho “híjole, ojalá viviera mi papá”, pero, de alguna manera, hay otras cosas que te aportan. Tuve mucha madre, mucha mamá, eso sí, que afortunadamente vive y está bien, para ella también debe haber sido difícil. Te forma de otra manera, aprendes a valerte por ti misma.
Belsasso: Te haces mucho más fuerte, no te queda de otra.
Kahlo: Te haces más fuerte, te tienes que valer por ti misma y, bueno, eso es algo que, ni hablar, sucede.
Belsasso: Complétame esta frase, Cristina Kahlo es…
Kahlo: Fotógrafa.
Belsasso: Muchas gracias.
