El sarampión está regresando

Contagiarse de sarampión en este 2016 debería ser prácticamente imposible por la vacunación; sin embargo, esta enfermedad está regresando.
En Estados Unidos, desde el 2 de enero hasta el 10 de septiembre del 2016, ha habido 54 casos notificados en 16 estados. Hasta finales de abril la cifra era de 10, lo que quiere decir que en aproximadamente cinco meses el registro aumentó más de cinco veces; buena parte de este incremento se debió a un brote detectado en Arizona en mayo.
En la década de los 50 en México el sarampión se encontraba dentro de las principales causas de morbilidad y mortalidad; antes de 1972 el promedio de casos registrados era de alrededor de 35 mil cada año.
En 1989 y 1990 se presentó en el país una epidemia vinculada a una pandemia mundial, con más de 100 mil casos y más de 6 mil defunciones en México. Tan sólo en 1990 se contabilizaron 68 mil 782 casos, que representaron la quinta causa de mortalidad infantil. En 1995 se suscitó el último deceso por sarampión en la República.
Desde 1993 se estableció el compromiso de desterrar esta enfermedad de nuestro territorio. En el 2003 se apoyó la meta de eliminación ampliada de sarampión, rubéola y el síndrome de rubéola congénita y así se realizaron unas campañas de vacunación intensísimas. Pero si este mal no se erradica en el mundo, podemos seguir teniendo casos aislados de contagio en nuestra nación.
Este año no hemos tenido aquí ni un solo caso, pero en Estados Unidos se ha dado un brote importante.
Paradójicamente ahora son los padres con mayor educación y con mayores recursos los más inclinados a no vacunar a sus hijos. A eso hay que agregar que muchas personas que fueron vacunadas hace más de cuatro décadas han ido perdiendo inmunidad. Según expertos de salud, se estima que 1 de cada 10 personas es susceptible de infectarse de sarampión.
Lo que sucede es que en los últimos años se ha venido dando la creencia de que las vacunas contra el sarampión pudieran llegar a ser dañinas. Muchos incluso las culparon del autismo de sus hijos.
Se hicieron campañas publicitarias para que los padres de familia no vacunaran a sus hijos. La realidad es que trastornos como el autismo no se detectan antes del año, que es cuando se debe aplicar la vacuna, y se responsabilizó a ésta cuando es un mito que este tipo de vacuna pueda causar este problema.
El año pasado una niña mexicana de 22 meses fue contagiada en el Disneylandia de Anaheim, California. Durante ese brote más de 85 personas contrajeron este mal.
Contagiarse de este virus es sumamente fácil si no se está vacunado: al respirar pequeñas gotas de saliva expulsadas por un enfermo al hablar, toser o estornudar.
El periodo de incubación usualmente dura de 4 a 12 días. Las personas infectadas permanecen contagiosas desde la aparición de los primeros síntomas hasta los 3 a 5 días después de la presencia del salpullido.
Si bien todas las vacunas y medicinas tienen efectos secundarios, se han hecho innumerables estudios que determinan que son seguras.
La vacuna contra el sarampión en realidad es una de las más eficientes del mundo. La vacuna se replica al igual que el virus del sarampión, incitando al sistema inmune a producir anticuerpos contra el virus.
Aunque ha habido casos en que personas vacunadas puedan infectarse, en la mayoría de los casos experimentan una reacción mínima ante el contagio. Este brote de sarampión no se debería estar dando y mucho menos en una población en la cual la gente tiene educación y recursos.
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