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“El que realmente es un muy buen Head Hunter… soy yo”: Un Café Con Francisco Gil Díaz

El exsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz se ha forjado en el trabajo: a los 16 años viajó 96 horas para llegar a Nueva York y hacer un entrenamiento en el Bank of America. Pasó de ser un pésimo estudiante a formarse como uno de los economistas más importantes del país —pasó por el Tec de Monterrey, el ITAM y la Universidad de Chicago—. Rechazó un trabajo en Hacienda por que no se veía apto para la labor que desempeñaría, pero para no perderlo su titular de entonces le buscó acomodo.

Bibiana Belsasso: Naces en Mazatlán...

Francisco Gil Díaz: No, para que mi mamá no padeciera los calores de Maza-tlán, mi padre la trasladaba a la Ciudad de México, para que naciéramos. Un tío, Atanasio Garza Ríos, que era ginecólogo, nos trajo al mundo a todos aquí. Así pasó con los cinco, aquí nacíamos y mi mamá se regresaba con el chilpayate a Mazatlán.

Belsasso: ¿Cómo fueron esos primeros años en Mazatlán, rodeado de barcos… mar?

Gil: Bonitos, aunque sólo fueron ocho. Cuando yo tenía esa edad mi padre murió y nos adoptó mi abuelo materno.

Belsasso: Es una historia muy fuerte porque tu padre tenía barcos, uno se incendió y él tratando de salvar a su gente falleció.

Gil: Salvó a varios. Eran unos barquitos camaroneros chiquitos y los cuartos estaban llenos de humo: Él se regresaba al barco para salvar a sus compañeros, se metía, sacaba a uno, volvía por otro. No sé a cuántos salvó, sé que lo hizo por lo menos con dos personas, y ya cuando regresó la tercera vez la intoxicación le impidió sobrevivir.

Belsasso: Tú estabas muy chiquito, ¿cómo te dicen que tu papá falleció?

Gil: Imagínate, fue un impacto espantoso. Mi padre tenía 38 años de edad.

Belsasso: Tu mamá se muda a México con sus cinco hijos.

Gil: Los cinco, sí. Mi abuelo nos adopta y vivimos con mi abuela Etelvina, y él de nombre Alfonso. Mis tíos por su edad estaban casándose; uno ya lo estaba, así que nos pudieron acomodar para que viviéramos con ellos.

Belsasso: Tu abuelo era presidente de la Asociación de Banqueros.

Gil: Sí, fue dos veces presidente de la Asociación de Banqueros.

Belsasso: ¿Empiezas a aprender de él, al ver cómo trabajaba?

Gil: Quiso hacerme banquero, sin éxito.

Belsasso: Me cuentan que el abuelo tenía muchísimas cualidades, pero que no era precisamente generoso con ustedes porque quería que aprendieran a trabajar y lo difícil de la vida. Entonces te manda a Nueva York a trabajar con el CEO de Bank of America, pero te vas en camión.

Gil: No es que me haya mandado en camión, mi abuelo era muy agarrado, pero no porque hubiera un fin último de educarme, sino porque era muy agarrado. Era de Linares, Nuevo León, los norteños son así. Y la forma cómo sucedió —me llama mucho la atención que estés tan informada— fue que quiso que me interesara por ser banquero, por en eso te digo que sus esfuerzos fracasaron.

Belsasso: ¿Cómo no iban a fracasar?, te mandó ochenta horas en camión. Seguramente llegaste y dijiste: ¿qué es esto?, ya no quiero estar aquí.

Gil: ¡Noventa y seis!

Belsasso: ¿Cómo fueron esas horas?

Gil: Quién sabe qué habré pensado, estaba muy chiquito, pero imagínate llegar…

Belsasso: ¿Cuántos años tenías?

Gil: Fue saliendo de primero de preparatoria, si no me acuerdo mal, ¿qué edad tendría?, pues unos…

Belsasso: Dieciséis.

Gil: Más o menos, sí.

Belsasso: ¿Cuánto tiempo te quedas en Nueva York?

Gil: Todo un verano.

Belsasso: Y te regresas. ¿Te dieron para el avión o seguías en camión?

Gil: No, tuve que pagar todo yo, incluso mi estancia. Pepe Carral era el que representaba Bank of America en México y fue con quien mi abuelo obtiene que me den un entrenamiento. Pero me dicen: todo lo tienes que hacer con el dinero que vas a ganar, pero era una miseria, porque por un entrenamiento no te pagan prácticamente nada. La persona que me recibió en el Bank of America se llamaba Thomas Cross —era un inglés muy elegante— cuando se enteró dónde me había ido a vivir —a un hotelito en Harlem, imagínate el Harlem de aquella época— casi se cae de la silla y me dice: ’eso no puede ser, voy a ver qué arreglamos’. Al día siguiente ya me había conseguido alojamiento en una casa de cuáqueros, gente lindísima; era de varios pisos, en la que los miembros de esa religión vivían porque estaban constantemente viajando por sus trabajos, desocupaban un cuarto una semana y luego otro llegaba y desocupaba otro. Entonces me estaban cambiando cada semana de cuarto, pero por una cantidad muy razonable me daban de desayunar, de cenar; así estuve los dos meses, pero pagando mi estancia, mis gastos, todo absolutamente con lo que me ganaba en el banco. Era una miseria.

Belsasso: Pero es formación finalmente. ¿En dónde terminas la prepa?

Gil: Cuando terminé la secundaria me fui a estudiar al Tec de Monterrey, en aquella época tenía un solo campus, el de Monterrey, allá estudié la preparatoria. Fue muy afortunado, un cambio total en mi vida, porque en la primaria y la secundaria pasaba los años de panzazo, estaba yo llagado del pecho y de la panza.

Belsasso: ¿A poco eras medio burro en la escuela?, no lo puedo creer.

Gil: Pésimo, pésimo estudiante; el Tec de Monterrey fue una novedad en todos los aspectos, porque de repente me gustó el estudio y, además, no sólo porque es muy exigente, sino que es una preparatoria que te alista para ser ingeniero mecánico, ingeniero electricista, qué sé yo. Entonces, te tiene que dar una formación para que, saliendo, puedas entrar a la carrera y no te metas a un propedéutico. Me encontré con el álgebra, la Física, el Cálculo Diferencial e Integral, con la Geometría, con una bola de temas con los que yo había sufrido, y ¡milagro, sacaba dieces!, no me reconocía. Fue un parteaguas muy bueno.

Belsasso: Es que no todas las escuelas son para todos los niños y una escuela que saca lo mejor de ti te cambia la vida para bien.

Gil: Me cambió la vida.

Belsasso: ¿Y de ahí te vas a estudiar ya la maestría y la carrera a Chicago?

Gil: Empecé la carrera de Economía en el Tec de Monterrey, que es una gran escuela, yo creo que le ha aportado mucho a nuestro país, pero no quiere a la carrera de Economía. Te dan tres contabilidades en tres semestres, tres o cuatro derechos, una cantidad enorme de materias y una salpicadita de Economía. Terminando el segundo año dije: me cambio a la Universidad de Nuevo León. Estaba muy bien en aquella época. La señorita Consuelo Meyer, que estaba trabajando en el Banco de México, fue comisionada para dirigir la escuela de Economía y la transformó.

Pero tenía yo que repetir los dos años, los planes de estudio lógicamente no coincidían. Me enteré que el ITAM estaba en aquella época experimentando una transformación y dije: voy a pedir que me revaliden materias, los planes de estudio no eran tan diferentes. Lo logré, me cambié al ITAM, terminé la carrera y fue otro movimiento afortunado, porque uno de mis profesores fue Leopoldo Solís.

Belsasso: Lo mismo que pasa en esta Administración, justo en el ITAM. Ahí tenías compañeros, estaba Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe, gente importantísima en el mundo de las finanzas y de los números, con quienes acabas trabajando años después. ¿Los conoces ahí en esa época?

Gil: No, estaba yo primero en Monterrey y luego en el ITAM. Pedro Aspe después fue mi alumno, pero cuando regresé de Chicago, pasaron muchos años, yo no sé si a Pedro Aspe lo ves de mi edad o más viejo que yo.

Belsasso: Seguro si le pido una entrevista ya no me la va a dar. ¿Entonces, los conoces a ellos ya siendo tus alumnos?

Gil: Los conozco siendo ya un economista, más o menos formado. Y la razón por la que me fui a Chicago es que, cuando Leopoldo Solís, siendo mi profesor, me invita a trabajar en el Banco de México —era el responsable de Investigación Económica en el Banco— entro y desde entonces tenía un programa de becas para las personas que trabajan en el Banco. Leopoldo me dijo: qué te parece la oportunidad de hacer un posgrado. Me encantó la idea y de ahí es donde salió esa oportunidad para irme a estudiar Economía a la Universidad de Chicago.

Belsasso: ¿Te vas casado?

Gil: Nos fuimos casados. El mismo año terminé la licenciatura me casé y nos fuimos a Chicago.

Belsasso: Con Margarita White, una mujer hermosísima, modelo, ella estaba modelando también en Chicago cuando tú estudiabas.

Gil: Fue después, regresamos a México, estuvimos dos años y luego se abrió la oportunidad otra vez de una beca. No había terminado la tesis y, de hecho, me tardé bastante en terminarla; entonces aprovecho la oportunidad para regresar, ya teníamos dos niños, y volvimos con los escuincles a Chicago. Uno casi recién nacido, Gonzalo. Estuvimos un año y fue cuando Margarita trabajó un tiempo de modelo de pasarela en Carson, Pirie, Scott; Marshall Field’s; en las tiendas que tenían ropa para mujer y enseñaba la ropa de mujer en los desfiles para señoras y me ayudó porque fue un año de gastos muy fuertes ya con dos niños.

Belsasso: Entonces ella cooperaba a la economía familiar.

Gil: Claro, y lo hizo durante muchos años. Luego fue locutora, después tuvo la responsabilidad dentro de El Palacio de Hierro, cuando se jubila un americano que se encargaba de un servicio que daba la tienda para las señoras que querían aprender a maquillarse, a vestirse, en fin, buenos modales incluso.

Belsasso: ¿Te traía a ti también impecable ya de secretario de Hacienda y todo?, ¿Te escogía la ropa?

Gil: Sí, me la escoge, pero no ha tenido tanto éxito.

Belsasso: ¿O no dejas que se metan en tus cosas?

Gil: Lo fachoso no se me ha quitado.

Belsasso: Platícame, una vez que ya empiezas a trabajar estuviste en la Secretaría de Hacienda toda la vida, en distintos puestos, subsecretario, secretario, ¿cómo fue que llegas y cómo es esa escalada?

Gil: Fueron muchos cambios, cuando regreso al Banco, al año, a Leopoldo Solís el presidente lo nombra responsable de un equipo económico en Presidencia, en lo que fue la nueva Secretaría de la Presidencia. Y ahí con un grupo de exalumnos y algunos que no fueron exalumnos, pero que él con mucha visión invitó —por ejemplo, invitó a un estudiante de Economía del Politécnico, que era Ernesto Zedillo; otro estudiante de Economía que tampoco había sido alumno de él, que estaba estudiando en ese momento Economía en la UNAM, que es Guillermo Ortiz— a gente destacada, y así formó un grupo con el ojo que él tenía para identificarlos, pero yo estuve un solo año.

En Presidencia pasé un año, me regresé a Chicago, volví a México y otra vez al Banco a trabajar, primero con Manuel Uribe, hasta que se lo lleva Porfirio Muñoz Ledo a la Secretaría del Trabajo, de oficial mayor. Entonces paso a la Dirección General a un puesto que creó el licenciado Fernández Hurtado, que se llamaba, Economista de la Dirección.

Y cuando estaba terminando ese sexenio del presidente Echeverría, me habla un día el licenciado Fernández Hurtado y me dice: ’Paco, quedó vacante la Dirección de Estudios Hacendarios y el licenciado Beteta lo quiere invitar’. Le dije: no quiero sonar presuntuoso, licenciado, pero pensé en la posibilidad de que alguien me ofreciera esa posibilidad y ya tomé una decisión y no quiero. ’¿Cómo que no quiere?’, comentó. No, le dije, es un lugar donde se dan permisos, subsidios, en el que se establecen aranceles, ésa no es mi manera de ver la Economía, yo no puedo aceptar un puesto de esa naturaleza.

A la semana me llama Gustavo Petricioli, que era subdirector del Banco y me dice: ’Paco, en media hora te espera Mario Ramón y no le vas a decir que no’. Le dije: Gustavo, perdóname, por supuesto que voy a ver al secretario, pero le voy a decir lo mismo que le dije al licenciado Fernández Hurtado’. Al entrar a la oficina del licenciado Beteta: ’¿con que no quiere trabajar conmigo? Le digo: ’no es que no quiera trabajar con usted’. No, me dice: ’ya sé, lo quiero como economista y qué le parece si dividimos esa Dirección y la hacemos únicamente para que sea para economistas, para que cuente yo con estadísticas y análisis de la Economía y todo lo demás lo dejamos por separado para otra persona’. Pues, ¿qué le decía?, era una invitación muy interesante.

Belsasso: Aceptaste.

Gil: Es cuando entré a Hacienda.

Belsasso: Y, años después, ¿Fox cómo te incorpora a su equipo?, ¿por medio de estos Head Hunters?

Gil: Me visitaron algunos Head Hunters y no les hice ningún caso, porque estaba en Avantel, muy contento, era la primera vez que estaba ganando dinero, y ya daba por descontado que no iba a regresar al gobierno; es más, ya había estado muchos años en el gobierno. Y les decía a los Head Hunters, si no estoy buscando empleo. Me llevaban formas para que las llenara y les decía, no se las voy a llenar. Pero un día me invita a platicar el presidente electo, era noviembre, le faltaba menos de un mes para la toma de posesión del gobierno; no me conocía, y me invita a platicar, estaba en el Fiesta Palace de Colón.

Belsasso: Ahí, frente a la glorieta en Reforma.

Gil: Frente a la glorieta de Colón, sí. Llego a platicar con él, pasan unos días, me invita a una segunda conversación, regreso a la casa y le digo a Margarita, por el contenido de la conversación: en una de ésas me invita al gabinete y a Hacienda y ya tomé una decisión, le dije, y le di (a Margarita) muchas razones por las cuales le iba a decir que no. Y, ¿qué crees que me dice mi mujer?

Belsasso: Porque aparte tu habías sido priista siempre, ¿no?

Gil: Sí. Primero me pregunta, ¿tienes alguna diferencia de fondo en política económica con él, después de estas dos largas conversaciones que has tenido?

Belsasso: No ibas a tenerla, porque te aventó todo el tema de política económica a ti.

Gil: Le dije, no, no tengo ninguna diferencia. Entonces, se me queda viendo muy seria y me dice: ’entonces tienes la obligación moral de aceptar’.

Belsasso: Fíjate que el presidente Fox hizo algo muy bueno, precisamente decir: esto no es mi tema, que lo manejen los expertos y fue cuando te tocó a ti. Realmente lo que cuentan es que tú tomabas todas las decisiones… que eras prácticamente autónomo, ¿así fue?

Gil: No es que fuera autónomo, sino que es una persona ejecutiva, creo que esa práctica es parte de una buena gestión en el sector privado: rodearte de gente que sientes que es competente para su responsabilidad y que delegas autoridad, es la forma como él trabajó. Él sintió que sus colaboradores los había escogido porque eran competentes.

Belsasso: Y le fue muy bien a esa administración en el tema económico.

Gil: Pues, en algunos temas, pero no vamos a entrar en esos detalles. Siento que con el equipo que formé, porque me lo permitió, pues se lo pedí, no podía entrar con esa responsabilidad, para que me nombraran a los subsecretarios, a los directores generales, al responsable del SAT, etcétera.

Tenía que ser yo quien formara ese equipo y eso fue lo que nos permitió trabajar muy bien, porque el equipo fue formidable, extraordinario. El que es realmente un muy buen Head Hunter soy yo.

Belsasso: Sé que esta historia que tuviste en tu familia, donde tu abuelo fue el patriarca, acabó sacando adelante a todos los nietos, manteniéndolos bien o mal, pero los sacó adelante, vivieron todos ahí…

Gil: No, no, muy bien, nos pagó las colegiaturas, no era ningún miserable mi abuelo. Una cosa es que no nos echara a perder, como juniors, y otra cosa es que no fuera un gran padre y le decíamos papá a mi abuelo, porque nos dio casa, no dio alimento, nos dio educación.

Belsasso: Fue muy patriarca. Sé también que cuando fallece tu abuelo, fallece tu abuela, también tu madre, te quedas tú como patriarca de la familia y heredas un anillo en donde prácticamente te heredan la responsabilidad, ¿no es mucho el peso?, ¿sigues siendo el patriarca de toda la familia?

Gil: Pues, pero ahí por lo viejito, nada más por lo viejito. Soy el más viejo de todos mis primos. En ese sentido me puedes llamar patriarca, pero no estoy seguro que los demás lo vean de esa manera.

Belsasso: ¿Dónde está el anillo?

Gil: Ya lo guardé porque es demasiado ostentoso, muy grande, de oro, muy bonito, que tenía mi abuelo y sí lo traje un tiempo, ya nada más traigo mi anillo de casado.

Belsasso: Paco Gil, intrépido, te encantan los deportes de alto riesgo, el ciclismo, te has caído de la bici, te encanta la nieve, esquiar, también has tenido accidentes ahí, pero sigues haciendo muchísimo ejercicio.

Gil: Pues no se me quita lo tonto, la bici de montaña sigo, la esquiada ya son menos oportunidades, la penúltima me rompí el ligamento cruzado de la pierna derecha, de la rodilla derecha, que es un problema muy serio, pero volví a esquiar.

Belsasso: Competitivo también en los deportes, no te gusta que te gane nadie.

Gil: No, pues, más que competitivo, simplemente para hacer ejercicio y hacer algo divertido y bonito.

Belsasso: ¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?

Gil: Nunca lo he pensado de esa manera, nunca lo he estado tratando de identificar, pero yo creo que casarme con Margarita, debe ser, si quiero empezar en un día muy especial, sin duda.

Belsasso: Mira que te tiene que agarrar a besos, porque casi todo mundo me contesta que el día más feliz es cuando nacieron sus hijos.

Gil: Semejante bombón de mujer, ¿cómo no?

Belsasso: ¿Y el más triste?

Gil: Yo creo que cuando se murió mi padre, imagínate un niño de ocho años, además mi papá, como era yo muy latoso, me llevaba a todos lados, entonces era una persona muy presente. Los domingos cuando salía en el barco a pescar, ahí iba yo con mi papá, para que no estuviera yo fastidiando en la casa a los hermanos y a mi mamá

Belsasso: Complétame esta frase, Francisco Gil Díaz es…

Gil: Economista.