El mensaje de El Mayo
La historia criminal de Ismael El Mayo Zambada llegó este lunes a uno de sus capítulos finales. En una audiencia, celebrada en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, el fundador del Cártel de Sinaloa fue sentenciado a pasar el resto de su vida en una prisión de Estados Unidos, después de declararse culpable de los delitos que le fueron imputados.
Fue una audiencia breve, de apenas unos 35 minutos, pero cargada de simbolismo. El hombre que durante más de cinco décadas logró mantenerse fuera del alcance de las autoridades mexicanas compareció visiblemente deteriorado de salud, sin esposas y con un aspecto muy distinto al del poderoso capo que durante años encabezó una de las organizaciones criminales más importantes del mundo.
Desde el inicio de la comparecencia llamó la atención que Zambada García no estuviera esposado. Caminó lentamente hasta su lugar frente al juez Brian Cogan, quien encabezó la audiencia en la que, finalmente, quedó formalizada la sentencia de cadena perpetua.
Contrario a lo que durante meses se especuló, su defensa afirmó que no declararía contra otros personajes del crimen organizado o políticos. Lo cierto es que no sabemos si más adelante lo haga, pero también es cierto que en Estados Unidos ya hay muchos personajes que tienen información que pudiera aportar El Mayo y que ya están colaborando con las autoridades estadounidenses proporcionando información.
Por lo pronto, su abogado, Frank Pérez, ya había adelantado que su cliente aceptaría declararse culpable sin negociar la entrega de información. Explicó que la decisión respondía a la intención de asumir la responsabilidad por los delitos cometidos, sin señalar a terceros ni buscar beneficios derivados de una cooperación con el Gobierno estadounidense.
De acuerdo con el propio defensor, se trata de una forma poco común de declararse culpable. Habitualmente, cuando un integrante de alto nivel de una organización criminal acepta su responsabilidad, lo hace a cambio de colaborar con los fiscales proporcionando información o testificando contra otros miembros de la organización. En el caso de Zambada, eso no ocurrió.
Frank Pérez fue claro al señalar que su cliente no proporcionó información al Gobierno de Estados Unidos, no declaró contra nadie y tampoco buscó obtener una reducción de su condena mediante cooperación. Simplemente aceptó su responsabilidad penal.
Con ello, evitó la realización de un juicio que habría sido largo, complejo y extremadamente costoso para el Gobierno estadounidense.
Al existir una declaración de culpabilidad, los fiscales ya no tuvieron que demostrar cada uno de los delitos mediante miles de documentos, testigos, peritajes y meses de audiencias. Jurídicamente el procedimiento se simplificó de manera importante.
Durante la audiencia, el propio Ismael Zambada leyó un mensaje preparado previamente.
En él reconoció su responsabilidad por los delitos que cometió.
“Me presento ante usted consciente de que causé daño, de que fui responsable. No me sometí a ningún juicio porque no niego la verdad. Sé que lo que hice está mal. No hay justificación para lo que hice. Comprendo la gravedad. Acepto la condena y no quiero compasión. También quiero decir que lo siento”, expresó frente al juez.
En su mensaje habló sobre la violencia que durante años marcó su vida y la del país: “Crecí pensando que la violencia era normal. La violencia debe acabar en México y en otros lugares. La violencia acaba vidas, destruye familias y acerca a las personas a la muerte. Nadie gana este tipo de guerras”.
Después dirigió unas palabras a las nuevas generaciones: “No hay nada en la violencia ni en el crimen. Escojan otro camino. Que mis palabras lleguen a estas nuevas generaciones. No puedo cambiar lo que hice, pero sí puedo reflexionar sobre ello en los días que me quedan de vida”.
El mensaje sorprendió por su tono de arrepentimiento, aunque para las autoridades estadounidenses ello no modificó la obligación legal de imponer la máxima pena prevista para los delitos por los que fue condenado.
La única petición de la defensa fue que Ismael Zambada pudiera cumplir la sentencia en un centro penitenciario con servicios médicos especializados debido al grave deterioro físico y cognitivo que presenta.
Se sabe que El Mayo enfrenta diversos padecimientos derivados de su edad y una enfermedad cognitiva progresiva que requiere atención médica permanente.
El propio juez Brian Cogan reconoció durante la audiencia el delicado estado de salud del acusado. Sin embargo, explicó que la ley no le dejaba margen para imponer una sentencia distinta ante la gravedad de los delitos aceptados, la única sanción posible era la cadena perpetua.
No obstante, también indicó que solicitaría al Buró Federal de Prisiones que evaluara la posibilidad de asignarlo a un centro penitenciario donde pudiera recibir atención médica especializada y cuidados adecuados para sus padecimientos físicos y cognitivos.
Con ello, la defensa obtuvo el único punto que realmente buscaba desde el inicio del procedimiento: que el fundador del Cártel de Sinaloa pase el resto de su vida en una prisión con infraestructura hospitalaria.
Tras concluir la audiencia comenzaron las reacciones de las autoridades estadounidenses.
Uno de los primeros en pronunciarse fue Joseph Nocella Jr., fiscal del Distrito Este de Nueva York, quien respondió a las preguntas sobre la forma en que Ismael Zambada llegó a Estados Unidos en julio de 2024.
El fiscal recordó que Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, reconoció durante su propio proceso judicial haber organizado el secuestro de Ismael Zambada con la intención de obtener beneficios del Gobierno estadounidense.
Sin embargo, Joseph Nocella fue enfático al señalar que Estados Unidos nunca aprobó esa acción. Afirmó que el Gobierno estadounidense dejó perfectamente claro que no podía avalar un secuestro y que Joaquín Guzmán López no recibiría ningún beneficio por haber actuado de esa manera.
Después habló Terry Cole, director de la DEA: “Si trafican drogas letales, obtienen ganancias del sufrimiento de otras personas y amenazan a nuestras comunidades, la DEA irá por ustedes. Ya sean narcotraficantes o funcionarios gubernamentales corruptos, la DEA irá por ustedes”.
Añadió que el trabajo de esa agencia está lejos de terminar y aseguró que continuarán desmantelando redes criminales, cortando sus fuentes de financiamiento, decomisando sus ganancias ilícitas y trabajando con otras instituciones para combatir el tráfico internacional de drogas.
El director de la DEA también aseguró que nunca olvidará a las miles de madres que han perdido hijos a consecuencia del consumo de fentanilo y otras drogas traficadas por organizaciones criminales.
Para las autoridades estadounidenses, la sentencia representa mucho más que la condena de un narcotraficante; es el cierre judicial de uno de los expedientes más importantes contra el narcotráfico internacional.
Ahora, Ismael El Mayo Zambada pasará el resto de sus días bajo custodia del sistema penitenciario federal de Estados Unidos, mientras las autoridades sostienen que la lucha contra el Cártel de Sinaloa y contra los funcionarios que colaboren con organizaciones criminales continúa.
Con esta resolución judicial termina una historia que durante décadas parecía imposible de cerrar: la de uno de los líderes históricos del narcotráfico. Pero aquí no acaba la historia del tráfico de drogas, de los cárteles ni de la violencia.