Back

Morir en Topo Chico

A las 23:30 horas del pasado miércoles un enfrentamiento entre dos grupos de internos en el penal de Topo Chico, en Nuevo León, dejó 49 muertos y 12 heridos. Todo empezó por dos grupos rivales que se disputan el control de la prisión. Uno liderado por Jorge Iván Hernández Cantú, El Comandante Credo, y el otro por Juan Pedro Saldívar, El Z–27. Fuentes penitenciarias revelaron que el origen del motín fue el asesinato de Jorge Iván Hernández Cantú, quien perdió la vida a manos de sus rivales, cuando intentó fugarse. Desde tiempo atrás tenía una disputa con Juan Pedro Saldívar por el control del reclusorio.

No es un secreto: se sabe que Topo Chico es manejado por Los Zetas y que entre ellos hay grupos enfrentados entre sí. Desde sus inicios, en los noventa, cuando comenzaron como exmilitares que brindaban protección a Osiel Cárdenas Guillén, y fungían como el brazo armado del Cártel del Golfo, evidenciaban una violencia terrible.

En el motín que se acaba de vivir esa violencia se pudo ver. Los 49 fueron asesinados en su mayoría con objetos punzocortantes. Narran, los que vieron esa escena, que había charcos de sangre por todas partes.

Lo sucedido era de esperarse. Hay más de 400 centros de reclusión en México y 110 de éstos presentan autogobierno. Esto quiere decir que los mismos reos controlan el inmueble. A esto hay que sumarle la sobrepoblación: en Topo Chico hay 40 por ciento más de internos en el bloque de los hombres y 63 por ciento más en el área de mujeres. Existen ahí 3 mil 800 presos y casi todos los penales estatales del país están en situaciones similares.

Las mafias se pelean constantemente el control porque tenerlo significa millones de pesos. Todo se cobra: desde el agua y el jabón hasta un banco para que las familias de los presos se puedan sentar cuando los van a ver. Asimismo, tener acceso a visitas conyugales y hasta que la revisión hacia las mujeres de los presos no sea agravante.

Los reos son una fuente inagotable de ingresos para los custodios, pero también para otros internos.

Pero quizá lo más grave es que quien tiene el control deja salir a sus aliados a delinquir y luego se resguardan en la misma prisión. Qué lugar más seguro para estos criminales que cometer delitos y esconderse en la cárcel.

Los penales son un caldo de cultivo y quizá constituyen el mayor desafío de seguridad que tenemos en México. Muchas veces las autoridades no pueden ni siquiera entrar a los reclusorios, lo declaraba el mismo gobernador Jaime Rodríguez; que las fuerzas estatales no habían entrado al inmueble, porque con armas de fuego la masacre hubiera sido todavía peor. Y tiene toda la razón.

La pregunta es ¿por qué el Estado no ha tomado el control de los penales? Si no se manejan éstos, que son lugares resguardados, ¿cómo se pretende controlar el resto del territorio?

Ha habido ya casos exitososen los cuales se tenían autogobiernos como en el penal de Ciudad Juárez, en donde se desarticuló a los criminales que tenían el mando. Paradójicamente, cuando se controló el reclusorio, bajaron las cifras de delincuencia afuera de éste. Es muy lamentable lo ocurrido en Topo Chico, pero es un hecho que masacres similares se pueden desencadenar en los distintos penales del país en cualquier momento.

bibibelsasso@hotmail.com 
Twitter:
 @bibianabelsasso