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La justicia de la turba

Una historia difícil de calificar es la del llamado ruso-nazi de Cancún. Este hombre se cansó de proferir insultos contra los mexicanos, hasta que se convocó a una manifestación frente a su casa para tomar venganza y el personaje terminó linchado por una turba de decenas de personas.

 

¿No hubiera sido más fácil expulsar a este personaje o tomar medidas en su contra, antes de que la gente hiciera justicia por su propia mano?

El viernes pasado a través de las redes sociales comenzaron a ser transmitidas las imágenes de las personas agrediendo a Aleksei Viktorovich Makeev, quien fue ingresado en el Hospital General de Cancún, Quintana Roo. Los doctores lo atienden de un traumatismo en la cabeza, lesiones en los brazos y en la espalda.

Makeev, un ruso de 42 años, era conocido ya en Cancún por insultar y ofender a los mexicanos en videos publicados en Youtube. Resultado de la golpiza, hasta ayer por la mañana, el estado de salud del ruso es grave pero estable, según las autoridades locales. De acuerdo al Instituto Nacional de Migración, cuando se recupere, Makeev será deportado a Rusia por sus agresiones a los mexicanos.

El propio Makeev publicó su último mensaje en Facebook el mediodía del viernes. “Los terroristas están amenazando con matarme”, escribió. Horas después, la gente comenzó a reunirse a las afueras de su casa en la Supermanzana 70, manzana 8.

Los reporteros locales comenzaron a transmitir los hechos cuando vieron que aumentaba el número de personas que se reunían, con el objetivo de agredir al ruso y afirmaron que la policía local se retiró del sitio irónicamente pensando que la situación se arreglaría. Hay incluso quienes dicen que la policía local propició el ataque.

Las autoridades tenían conocimiento de los insultos y agresiones de este hombre. Él mismo se grababa caminando por las calles de Cancún insultando en ruso, español e inglés a quienes tuviera enfrente.

Lo hemos repetido en este espacio. Lo más grave que le puede suceder a nuestra sociedad es no creer en las instituciones y buscar justicia por propia mano. Lo hemos visto decenas de veces.

Cómo olvidar el emblemático caso de Tláhuac, el 3 de noviembre de 2004 en la Ciudad de México, cuando unos 300 habitantes de San Juan Ixtayopan quemaron a dos agentes de la Policía Federal, a los que tomaron por secuestradores, aunque los agentes en realidad estaban investigando una célula del EPR. En ese caso la turba fue impulsada por militantes de ese grupo armado.

El profesor e investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Raúl Rodríguez Guillén, dice que hubo al menos 80 episodios de criminales tundidos a golpes o ajusticiados, por pobladores en el primer semestre de 2016, misma cifra que se registró en todo 2015.

Rodríguez Guillén, quien ha estudiado el fenómeno y creado una base de datos con registros de linchamientos desde 1988, señaló que los casos se concentran mayormente en los estados de México y de Puebla, ambos en el centro, principalmente en contra de asaltantes y violadores, pero también en muchas ocasiones contra simples trabajadores o encuestadores que son confundidos, consciente o inconscientemente por pobladores.

Expuso que en sus estudios ha registrado más de 600 linchamientos en México, de 1988 a junio de 2016; sin embargo el fenómeno ha tenido “crecimiento significativo” en los últimos seis años.

La justicia por propia mano nunca es justicia. Las autoridades tienen que brindarle a la sociedad la seguridad de que se está combatiendo a los delincuentes. Hoy, un 94 por ciento de los delitos denunciados permanece impune. Mientras los delincuentes no sean castigados, los linchamientos seguirán sucediendo. En muchos casos, pagarán inocentes.

El linchamiento en el caso del ruso nazi de Cancún se pudo prever sin mayor problema. Es imperdonable que ante las agresiones cometidas por ese sujeto, y sabiendo lo caldeados que estaban los ánimos en la sociedad, no se le haya deportado hace ya mucho tiempo.

Son muchos los linchamientos que se dan en México, la mayoría de ellos se podrían haber evitado. Lo más importante para lograrlo es respetar el Estado de derecho y acabar con la impunidad.

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