Veracruz: nadie lo quiso ver

En Veracruz se han descubierto 75 fosas clandestinas en las que se cree pudieran estar enterradas más de 200 víctimas del crimen organizado; cada una tiene tres metros de profundidad y con al menos tres cuerpos dentro. En los alrededores se han encontrado asimismo ropa, vendas y calzado.
Los primeros días de búsqueda se había reportado el hallazgo de 28 fosas; sin embargo, a medida que la labor de las brigadas ha continuado, el número siguió en aumento.
Algunas de las fosas se han ubicado en el predio Colinas de Santa Fe, dentro de un área urbana. Por un costado colinda con el fraccionamiento del cual toma el nombre, y por el otro extremo limita con la zona portuaria —que siempre está vigilada.
No es una zona rural, como podría ser San Fernando, en Tamaulipas, donde se han contabilizado muchas fosas clandestinas.
Los entierros clandestinos se sitúan en lugares donde grupos del narcotráfico se disputan el poder y generalmente ahí desaparecen a sus contrarios. Varios delincuentes detenidos han declarado la existencia de estas fosas.
Ya desde el año pasado la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) había dado con cinco osamentas incompletas en esta misma zona, tras las declaraciones de un presunto delincuente que confesó que ahí se ejecutaba a las víctimas.
Autoridades de Veracruz localizaron en enero pasado una fosa clandestina con restos humanos en el municipio de Emiliano Zapata, en el área conurbada de la ciudad de Xalapa, cerca de una academia de la Policía estatal.
En Veracruz los delitos de más alto impacto, como homicidio, desaparición forzada, secuestro y feminicidio, han ido al alza y para muchos ha sido una situación que se ha tratado de encubrir por más de dos sexenios.
La situación de esa entidad es un foco rojo que ya venía caminando desde el gobierno de Fidel Herrera.
El puerto de Veracruz se convirtió en su sexenio en punto estratégico para los cárteles del Golfo y Los Zetas, que lo utilizaban como base en el trasiego de cocaína y drogas sintéticas hacia Estados Unidos y Europa.
El punto de referencia sobre el incremento de violencia en el estado durante la gestión de Herrera es la formación de un cuerpo de mando del crimen organizado, llamado La Compañía, constituido por integrantes del Cártel del Golfo y su entonces brazo armado, Los Zetas.
Entre los integrantes de La Compañía, se contaban el finado Ezequiel Cárdenas Guillén, Tony Tormenta; Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, y Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca o El Licenciado.
De acuerdo con autoridades mexicanas y norteamericanas, entre 2006 y 2008, La Compañía también operó en Tamaulipas, Tabasco, Campeche y Yucatán, con la finalidad de enviar droga a la Unión Americana. La base era el puerto de Veracruz y se actuaba con la complicidad de autoridades municipales y estatales.
Los indicios de la infiltración del crimen organizado entre funcionarios y autoridades del estado de Veracruz fueron documentados por la Procuraduría General de la República (PGR), sustentada en declaraciones de 14 testigos protegidos, algunos de ellos trabajadores y colaboradores del exgobernador Fidel Herrera Beltrán.
La propia PGR informó que durante el mandato de Herrera La Compañía contaba con una nómina de 500 a 600 mil pesos para repartir entre elementos de las corporaciones policiacas que, a su vez, recibían su aportación del crimen organizado los días 5 y 25 de cada mes; los pagos se realizaban según la jerarquía dentro de la corporación. Incluso algunos agentes policiacos fueron acusados directamente de los levantones, las extorsiones y el robo de gasolina.
No nos engañemos: esta violencia en Veracruz no es nueva, desde la administración de Fidel herrera se dejó crecer, y pararla cuando la sinergia es tan poderosa cada día se torna más complicado.
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