De Dinamarca al colapso del sistema de salud
En México nacen cada vez menos niños. En 2019 se registraron dos millones 92 mil 214 nacimientos; en 2024 fueron un millón 672 mil 227, es decir, 20.1 por ciento menos en cinco años, de acuerdo con la Estadística de Nacimientos Registrados del Inegi.
Y de los que nacen, cada vez menos llegan al mundo en un hospital público. Un análisis de Norte Estratégico, con los microdatos del Inegi desde 1990, encontró que en 2019 el sistema público atendía 74.22 por ciento de los partos. En 2024 atendió 65.19 por ciento, el nivel más bajo desde 2009.
Estamos hablando de 15 años de retroceso. Entre 2004 y 2014 el sistema público ganó casi 17 puntos en la atención de partos y llegó a su máximo, 75.40 por ciento. Más de la mitad de ese avance se perdió en cinco años.
Mientras tanto, los hospitales privados llegaron a su máximo en 35 años: 21.77 por ciento de los partos. Más de uno de cada cinco.
Uno pensaría que es la variación demográfica: si nacen menos niños, los hospitales públicos atienden menos partos. Pero el dato no cuadra, en el mismo periodo en que los nacimientos cayeron 20.1 por ciento, los partos en hospitales privados subieron 13.6 por ciento, de 320 mil 527 a 364 mil 44.
Si fuera sólo la natalidad, los dos sectores habrían bajado parejo. Los hospitales públicos atienden hoy 462 mil partos menos al año que en 2019 y el privado, 43 mil más. Las familias se salieron del sistema público y pagaron de su bolsillo.
Según el mismo cálculo, si el sistema público hubiera conservado la participación que tenía en 2019, entre 2020 y 2024 habría atendido 648 mil partos más.
Tampoco es sólo la pandemia, la reconversión de hospitales explica la caída de 2020, que fue de 4.93 puntos en un solo año. Lo que no explica es que 2023 y 2024, ya sin emergencia sanitaria, sean los años con la menor participación pública en temas de maternidad.
Mientras en el sector público las consultas y los estudios tardan meses en otorgarse, las familias mexicanas están ahorrando todo lo que pueden de su bolsillo para poder ser atendidas en tiempo.
Y es que, sin duda, se está perdiendo la confianza en el sector público. En los primeros meses del gobierno de López Obrador, en 41 meses hubo tres modelos distintos de sistemas de salud, el Seguro Popular desapareció el 31 de diciembre de 2019, lo sustituyó el Insabi, y éste se extinguió el 29 de mayo de 2023 para dejar su lugar al IMSS-Bienestar.
Hay otro tema: el desabasto de medicamentos. De acuerdo con el colectivo Cero Desabasto, las recetas no surtidas en el IMSS pasaron de alrededor de 1.6 millones al año en 2017 y 2018 a 16 millones en 2020 y más de 22 millones en 2021. Si en el hospital no hay medicinas, la gente deja de confiar.
Hoy México destina 5.9 por ciento del PIB a salud, contra 9.3 por ciento del promedio de la OCDE. Un dato gravísimo: en 2023 se dejaron sin gastar 62.1 mil millones de pesos del presupuesto de salud, el mayor subejercicio en 10 años.
Hoy la población sin acceso a servicios de salud pasó de 20.1 millones de personas en 2018 a 50.4 millones en 2022. En 2024 bajó a 44.5 millones. Es una mejora, pero sigue siendo más del doble que en 2018.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025 del Inegi midió una satisfacción de 49.7 por ciento con los centros de salud y hospitales estatales, y de 43.3 por ciento con el IMSS. La Secretaría de Salud, con su propia encuesta aplicada en los hospitales a la salida, reportó en 2023 una satisfacción de 90.44 por ciento. ¿En qué encuesta confía usted?
Y además, el sector público hace campañas publicitarias para que los partos se atiendan en casa con parteras. El propio sistema público es el que está alejando a las mujeres de sus hospitales. En este espacio escribí sobre la campaña de la Secretaría de Salud que promueve el parto en casa con matronas. El anuncio fue retirado después de las críticas y luego volvió.
Mientras la Secretaría de Salud promueve que los bebés nazcan en casa, los partos en hospitales privados subieron 13.6 por ciento en cinco años.
Hay que recordarlo, esas familias pagan impuestos, y además tienen que pagar de su bolsillo lo que el Estado les debería dar.
Las que no pueden pagar se quedan con el riesgo de esas campañas: un parto en casa, lejos de un quirófano, quedando expuestos a una emergencia que le puede costar la vida a la madre y al bebé.
Es verdad que el Gobierno federal entrega apoyos sociales a millones de familias, pero si ese dinero se va en doctores y medicinas, el apoyo no alcanza.
Entre 2018 y 2024, el gasto de bolsillo en salud por hogar subió 41.4 por ciento en términos reales, de mil 135 a mil 605 pesos al trimestre. El gasto en medicamentos subió 116 por ciento: de 222 a 480 pesos. Los hogares con gasto catastrófico en salud pasaron de 436 mil 783 a 1.11 millones. Alrededor de 287 mil hogares cayeron en pobreza por pagar atención médica, contra 179 mil en 2018. Los estados más afectados son Veracruz, Chiapas, Oaxaca, Estado de México, Puebla y Guerrero.
De acuerdo con la OCDE, 39 por ciento del gasto en salud en México sale del bolsillo de las familias. El promedio de los países de esa organización es 19 por ciento.
Hoy, con los millones de pesos destinados a apoyos sociales, la gente vive peor y no alcanza para lo básico.
A todo esto se suma el costo de la vida. Tener un hijo implica pagar el parto, las consultas, las medicinas, y cada vez más familias lo piensan dos veces. Los datos del Inegi muestran cómo han bajado los índices de natalidad en los últimos años. En 2014 se registraron dos millones 463 mil 420 nacimientos, poco más de 10 años después son casi 800 mil menos.
Eso es un problema demográfico, un país en el que nacen menos niños es un país que envejece y con el tiempo habrá menos personas en edad de trabajar para sostener las pensiones y la atención médica de más adultos mayores. Y esos adultos mayores van a necesitar el mismo sistema de salud que hoy no les alcanza a sus hijos.
El expresidente Andrés Manuel López Obrador prometió un sistema de salud como el de Dinamarca, y muy lejos estamos de tenerlo.