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La gente está harta

Si algo nos tiene que quedar claro es que la gente está harta de los gobiernos que tiene. En casi todos los estados el electorado buscó algo distinto. La baja popularidad del gobierno federal en estos momentos tampoco benefició la elección. La alternancia se dio incluso en lugares donde siempre había gobernado el PRI. Ahí están los ejemplos de Veracruz, Tamaulipas o Quintana Roo.

El PRI apostó siempre a tener un piso base y a poder utilizar toda la maquinaria para triunfar. Para sorpresa de muchos, me incluyo, no fue así. A los priistas, quienes gobernaban a 18 millones de electores en las nueve entidades que tenían, hoy le quedan 10 millones. Un escenario que sin duda modifica lo que hasta el domingo se pensaba rumbo al 2018.

El partido tricolor venció en Oaxaca, Tlaxcala, Sinaloa e Hidalgo. Tampoco se puede confiar en esos éxitos.

Por ejemplo, en Oaxaca, la gente también votó por un cambio. Ahí ganó Alejandro Murat porque los astros se le alinearon. Hubo una participación del 59% del electorado, relativamente baja. Su porcentaje para lograr la victoria fue de 32%, mientras los demás partidos fueron por separado, lo cual dio una amplia ventaja al PRI.

Los opositores habían colaborado en el gabinete de Gabino Cué y no se pusieron de acuerdo para hacer alianzas.

Por ejemplo Benjamín Robles, del PT, buscó ser el candidato del PAN- PRD, pero no se le dio la candidatura y prefirió ir por otro partido. Sin duda esto acabó por beneficiar al tricolor porque Robles alcanzó un 10 por ciento de la votación, que si se le hubiera sumado al abanderado de la alianza PAN- PRD le hubiese dado el triunfo.

Hidalgo se tuvo siempre asegurada. En Sinaloa el PRI salió airoso, pero nuevamente la gente de ese estado votó por un instituto político distinto al que está en el poder.

Tlaxcala también fue una sorpresa. Se impuso el priista Marco Mena, quien no tenía las preferencias electorales.

El propio Manlio Fabio Beltrones admitió que el tricolor no alcanzó los resultados que tenían planeados en la renovación de las gubernaturas y ha dicho que esto deberá ser analizado a profundidad. Y ya le ha dado instrucción a la gente del PRI para que revise su accionar y su actitud

El PAN se sabe ganador. Ricardo Anaya, su líder nacional, ha declarado que se adjudicaron estados que nunca habían sido gobernados por un partido distinto al PRI. Si bien le fue mucho mejor de lo esperado en estos comicios, ahora menos que nunca se puede confiar. No se le puede olvidar que hoy la gente está castigando un sistema y tiene que demostrar que puede gobernar mejor. Pero sobre todo tiene que tomar en cuenta que en algunas entidades le fue bien por las alianzas.

Quizá el mayor desafío que ese partido tiene en este momento es elegir a su candidato o candidata sin desgastar con peleas internas al PAN ante la opinión pública.

Muchos pensaron que el voto de castigo lo podría haber capitalizado Morena; no fue así: lo obtuvo el PAN. Pero depende mucho del trabajo que haga el instituto blanquiazul en los próximos dos años para conservar esas tendencias, porque la jornada electoral del 2018 puede ser igual de desconcertante que la que vivimos el domingo pasado.

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