“Soy feliz, hago lo que escribí que haría toda mi vida” : Un café con Edgar Elías Azar

Cariñoso con sus nietos, cocinero, nostálgico de Acapulco y amante de su trabajo, son los rasgos que, en una entrevista muy personal, sobresalen del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Edgar Elías Azar. Detalla cómo fue su ascenso en esa institución: de ser parte del servicio de intendencia a liderar el Tribunal; y cómo llegó a México su sangre libanesa, a partir de ello no comprende por qué cuando su abuelo lo tenía en sus piernas y le decía palabras en árabe, siempre lloraba.
Bibiana Belsasso: Platícame una historia que escuché y que me encanta: Tus abuelos salen de Siria, tu papá es concebido en un barco y nace en ese barco rumbo a México.
Edgar Elías Azar: ¡Qué barbaridad, qué investigado estoy! Mis bisabuelos son los que salen de Siria y se establecen ya con mis abuelos en Líbano, y de ahí mi abuelo zarpa con mi abuela, su segundo matrimonio, porque él queda viudo muy joven. Mi padre es concebido en el barco y nace en él, cuando llega a un puerto estadounidense que está en Savannah, en Georgia, y es registrado como ciudadano estadounidense, vivió pocos años allá, pues regresa a Líbano y luego viene a México. Aquí conoce a mi madre en un efímero noviazgo de una semana y contraen nupcias. Mi madre siempre presumía: “mira los noviazgos de tus hermanos, de años, y ya están todos divorciados”. El único que no lo está soy yo.
Belsasso: ¿Cuánto duraron casados tras un noviazgo de una semana?
Elías Azar: Casados casi 60 años, en un matrimonio en el que criaron una familia de cinco hijos, todos profesionistas. Mi padre se preocupó porque “no nos metiéramos a la tienda”, como él decía. No quería heredar la tienda que teníamos en Acapulco, ¡a nadie!, ya le urgía cerrarla.
Belsasso: Y vivían en Acapulco…
Elías Azar: Éramos escasamente unas tres o cuatro familias católicas cristianas, porque nosotros somos católicos cristianos, y había una sola familia judía, ésta muy identificada con mi padre por el tema de mi bisabuelo. Y recuerdo las reuniones largas que se hacían con el cafecito y el narguile, la pipa de agua que se fuma en el Oriente. Era una comunidad levantina, comunidad árabe —como le llaman—, que de árabe no tenemos nada. La gente confunde que por hablar árabe uno es árabe. Hablar español no hace a un guatemalteco, español. Crecí en ese puerto maravilloso de los años 50.
Belsasso: Un Acapulco glamoroso.
Elías Azar: ¡Bellísimo, no tienes idea! Te puedo platicar mil anécdotas de ver el anfiteatro, la bahía de Acapulco, en época de lluvias y ver las grandes caídas de agua. Yo recuerdo de niño cómo nos despojábamos de la camisa y las metíamos en esos chorros de agua que caían y de repente se llenaban de camarones. O cómo dormíamos en un lugar distante, que hoy es el Parque Papagayo, donde mi padre nos hizo una tienda de campaña.
Belsasso: Y también creciste con historias maravillosas de un abuelo que te podía contar “n” cantidad de cosas. ¿Qué te platicaba? ¿Qué historia te ha marcado, qué recuerdas?
Elías Azar: Mi abuelo nos sentaba en sus piernas y decía palabras cariñosas en árabe, que son bellísimas y de una profundidad hermosa. Lo veía reír, acariciarnos y llorar, y yo no entendía qué pasaba con las lágrimas del abuelo, créeme que hoy tampoco las entiendo. Fueron lágrimas que de niño no entendí, y después de graduarme como Doctor en Derecho y ser maestro universitario de 34 años de antigüedad académica, sigo sin entender. ¿Por qué salir de tu país para cambiar costumbres? Bendito Dios, y creo en Dios, de que llegaron a un país con los brazos abiertos como México, que recibe a toda la comunidad libanesa con una apertura y una libertad enormes.
Belsasso: Sí, México ha recibido comunidades muy importantes. Hay que estar muy agradecidos con este país. Mi familia viene de una circunstancia muy parecida.
Elías Azar: Sí, ¿cómo no?, ya no digas con México, yo estoy muy agradecido con la Cuidad de México. Nací y crecí en Acapulco, pero mi padre quería que estudiáramos en la Ciudad de México.
Belsasso: Claro, tienes que salir de Acapulco porque quieres ser abogado y necesitas el mejor lugar.
Elías Azar: Y aquí le cobro un enorme cariño a la Ciudad de México, a la que no termino de agradecerle, primero la Universidad que me regaló, yo soy egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, una Universidad maravillosa que me hace abogado.
Belsasso: ¿Tu primer trabajo de la vida fue aquí en el Tribunal?
Elías Azar: No, esto no lo he confesado nunca. Yo antes limpiaba libros en una librería del centro de la ciudad, de donde desesperadamente pude salir corriendo luego de siete meses de trabajo, cuando logré conseguir la chamba aquí en el Tribunal, que era la que yo quería.
Belsasso: Al mismo tiempo que estabas estudiando en la UNAM.
Elías Azar: Claro. Pero Dios me castigó porque de limpiar libros allá, me mandó aquí a limpiar pisos. Convertí los libros en pisos y conseguí un nombramiento en la Intendencia, ese nombramiento desafortunadamente desapareció del expediente y mi primer nombramiento que aparece es como mecanógrafo, ya como oficial judicial, no como archivista.
Belsasso: Eso te hace un presidente mucho más humano. Te ha tocado empezar desde abajo. ¿Qué tal fueron los distintos presidentes?
Elías Azar: Tengo historias para platicar aquí 48 horas. Hubo presidentes muy pasionales, gente que se ensañó mucho con jueces y magistrados. Yo por eso nunca he sudado calenturas, y lo puedo presumir en las Cámaras y ante mi pleno de magistrados. No soy una persona que sude pasiones ni venganzas. Cuando hemos tenido que castigar a algún juez, que han sido muy pocos, lo hemos hecho con toda severidad. No tengo arriba de dos procesos penales con jueces y hemos sabido manejar el tema sin venganzas y sin rencores, porque la sufrimos horrible con un par de presidentes, locos de verdad.
Belsasso: ¿Fueron sancionados en su momento o era otro México?
Elías Azar: No, era otro México. Ya no viven y ni siquiera me atrevería a mencionar su nombre porque no se pueden defender. Nunca debes atacar a alguien que no se puede defender. Es un acto de cobardía. Pero está registrado en la historia del Tribunal, gente que fue muy pasional y muy vengativa y que persiguieron a decenas y decenas de jueces.
Yo empecé de juez antes de cumplir los 21 años de edad, iba en el tercer año de la escuela cuando fui designado juez en un bellísimo pueblo que hoy ya está conurbado a la Ciudad de México, Cuautepec Barrio Bajo, Distrito Federal. Era en el Partido Judicial Foráneo, que luego desapareció. Yo era el juez del pueblo a los 21 años.
Belsasso: ¿Noviero?
Elías Azar: Siempre esperé a la mujer con la que iba a vivir 40 años de mi vida…
Belsasso: Pero antes de conocer a esa mujer ¿fuiste noviero?
Elías Azar: No tuve más que una novia, ¡eso es una mentira! Era lo noviero normal, salidor normal, etcétera. Pero la verdad sí me preocupaba mucho por estudiar, y así, siendo juez, me recibí de abogado. Luego me cambiaron de juzgado, porque el siguiente juzgado exigía titulo profesional. Y caminé por todas las posiciones del tribunal, menos actuario. Fui secretario de acuerdos de un Juzgado de Paz, Juez de Paz, Juez de Primera Instancia, después Magistrado y después Presidente del Tribunal, honrado por el voto y la confianza de mis pares.
Belsasso: ¿Cuarenta años llevas casado con la misma mujer?
Elías Azar: Para ser exacto, 42. Cumplo 42 el día último de este mes.
Belsasso: Dices que cocinas, ¿cocinas tú en vez de ella o los dos cocinan?
Elías Azar: No, ella cocina delicioso. Tengo una mujer de origen muy libanés igual que yo. Mis hijas muy mexicanas, todas casadas con tres espléndidos yernos que tengo. De los que no me atrevería a hablar mal, menos delante de las cámaras, son mexicanos, ingenieros civiles los tres. Tengo un ejército de nietos que consiguen un raro efecto, generan una enfermedad gravísima, hacen estúpidos a los abuelos.
Belsasso: Los nietos son los únicos que hacen lo que quieren contigo.
Elías Azar: En la casa de descanso que tenemos, compartida con un sobrino, hay un letrero en la puerta que dice: “Prohibido educar niños en esta casa”. Cuando se ponen a pegar de gritos mis hijas en sus histerismos por educar a sus hijos, saltamos los abuelos: “aquí pueden hacer lo que quieran los niños”.
Belsasso: ¿Cocinas con tus nietos?
Elías Azar: Están muy chiquitos, pero estoy seguro que uno de ellos se va a poner el mandil y vamos a cocinar la mejor paella del universo, el mejor pescado relleno de mariscos que has probado en toda tu existencia.
Belsasso: La lectura también te gusta, te gusta la novela.
Elías Azar: Debo confesarte con sinceridad que a partir de la Presidencia del Tribunal, me da pánico que me hagan preguntas de lecturas, porque los tambaches de literatura que me llevo son prácticamente cosas jurídicas, es decir, las resoluciones que voy a firmar, los nuevos criterios de la Corte. La verdad es que estoy muy agotado y en un ropero fui coleccionando los libros que tengo pendientes. El ropero a estas alturas, después de ocho años de ser presidente del Tribunal, ya se me está cayendo en la cabeza. Soy un adicto a las biografías de los hombres malos. La de Trujillo es muy apasionante, la de César, la de Videla, de Argentina, la que estoy leyendo. Pero el otro tipo de literatura como que lo tengo un poco relegado. Quiero leer las biografías de los hombres malos para no serlo nunca.
Belsasso: Hay que aprender de ellos para que no se repita la historia.
Elías Azar: Van a oír y van a empezar a decir: es un dictador del Tribunal, y quiere estar toda la vida, pero lo que hay que explicar es que el voto en el Tribunal es secreto de verdad; como en el voto electoral, tú lo que haces es marcar una cruz o una paloma en el nombre del magistrado que quieres que sea tu presidente. En la primera reelección que tuve gané con 61 votos contra 16 de mi opositor, y aquí estamos todavía con la decisión de consolidar la reforma. No sé cuál es la opinión de mis pares, tengo que platicar con ellos y ver si hay consenso o no lo hay, si ya quieren el cambio o no lo quieren, en fin…
Belsasso: Porque finalmente ya se cambió por ley este tema de la edad, en que te tenías que retirar a los 70, y ahora va hasta los 75.
Elías Azar: Mucha gente la interpretó como que fue con dedicatoria a mi persona porque yo estoy próximo a cumplir 70 años y en realidad es que el jefe de Gobierno aceptó que pasara este tema porque muchos magistrados se estaban retirando siendo fuertes y expertos. Yo no quiero pensar en el día en que me tenga que retirar, yo le dije a mi mujer que le voy a regalar un Código Penal para que vea el homicidio, y cuando piense en matarme se preocupe de la penalidad que va a alcanzar si llega a hacerme algo.
Belsasso: Para terminar, Edgar Elías Azar es… complétame esta frase.
Elías Azar: Una gente con mucho coraje, sobre todo con mucha intención de cambio; a mí, el cambio me puede mucho, sobre todo la política que me enseñó mi maestro de la política, porque tuve un maestro de la política.
Belsasso: ¿Quién? ¿Ruiz Massieu?
Elías Azar: Exactamente, José Francisco Ruiz Massieu me enseñó algo: Política es hacer cosas, es ir adelante, siempre mirar al norte, nunca darle la espalda a los problemas, y cuando no hay dinero, tienes que usar el genio y el ingenio para poder construir buena política. Son cosas que aprendí de él. ¿Quién es Edgar Elías? Es, y lo digo con mucho orgullo, quizá una tentativa de calca de ese hombre que me enseñó a hacer buena política de trabajo, de esfuerzo y sobre todo, de cambio y de transformación.
Belsasso: ¿El día más feliz de tu vida?
Elías Azar: Uno que no voy a olvidar nunca, el día que tuve a mi nieta en mis brazos, con 48 horas de vida y me apretó el dedo. En ese momento haces un clic que te idiotiza, volteas a ver sus ojitos y ves tus rastros, como dice un gran escritor, que todos hemos leído en el periódico: “Me di cuenta que yo era eterno el día que tuve a mi primer nieto en los brazos”. Te das cuenta que eres eterno.
Belsasso: ¿El día más triste?
Elías Azar: He tenido muchos, pero creo que los días más tristes son cuando se vulneran sin ninguna razón al Poder Judicial y a nosotros. Cuando te levantan falsos y mentiras y no te puedes defender. La indefensión que tenemos los funcionarios judiciales es brutal, cualquier persona puede decir lo que quiera de ti y no tienes forma de defenderte, porque en tu fuerza está tu debilidad. He tenido muchos días tristes, pero en general, vengo contento a trabajar, soy un presidente feliz de venir a hacer lo que escribí que iba a hacer toda la vida. Todas las cosas que estoy haciendo las empecé a escribir desde que portaba orgullosamente un overol y un trapeador.
Belsasso: ¿Cómo te ves en 10 años?
Elías Azar: De las ventajas que tendría no ser presidente del Tribunal, poder caminar libremente, criticar a las instituciones cuando se equivocan, ir a tomarte un café con tu hija a las diez de la mañana a su casa, poder viajar, ir al malecón de Acapulco a caminar o sentarte ahí a pescar, como lo hacía cuando era niño. ¿Y desventajas? Nada más tiene una, que cada vez que camine frente a mi Tribunal voy a llorar y voy a estar con el recuerdo de esto lo hice yo, esto lo hubiera hecho mejor así… empiezas a vivir de tus recuerdos y lo que tenemos que entender es que todos caminamos en la vida y que tu vida un día va a tener un fin, un fin tu vida biológica y un fin tu vida política. El mío ya está muy próximo porque hay que tomar la decisión ya de separase y no seguir, o de seguir.