“Sin una naturaleza sana, los países se hunden”

Uno de los primeros en hablar sobre los problemas del medio ambiente en México, José Sarukhán, comparte sus anécdotas y aprendizajes en una entrevista muy personal. Narra cómo llegó su familia, desde Armenia, a México, el apoyo de su madre y hermana mayor, y de su paso por la Universidad Nacional Autónoma de México, donde vivió el día más feliz y el más triste de su vida.
Bibiana Belsasso: Doctor, vamos a platicar de todo. Pero vamos a empezar con su vida que ha sido fascinante. Usted nace en 1940, justo cuando hubo un conflicto muy fuerte en Azerbaiyán sus padres vienen a México y usted nace aquí y queda huérfano muy chico.
José Sarukhán: No, no huérfano, mi padre es el que muere, afortunadamente mi madre no, ella tuvo un enorme cuidado, afecto y dedicación para ayudarme a que me desarrollara como persona. Pero no es la razón, mis padres llegan a México muy poco después de que había terminado todo el conflicto que generó el Genocidio Armenio, que mi madre sufrió directamente, porque fue tomada, sacada de su casa, les quitaron todo, les expropiaron sus casas, sus bienes, era muy pequeña, salió con su madre y con su hermana que era un poco mayor y los llevaron en esas caravanas por el desierto, a dejar que la naturaleza los matara, porque como siempre he dicho, afortunadamente el gobierno otomano, que ya estaba en manos de los famosos Turcos Jóvenes —se llamaban así los “Young Turks”— no tenían la maquinaria que luego tuvieron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial para hacer lo que hicieron en el Holocausto con los judíos, porque no sé qué es lo que hubiera pasado; esto era bastante más primitivo y la manera de lidiar con un millón y pico de personas, pues fue llevarlos a que la naturaleza se los comiera, de alguna manera.
Belsasso: ¿Su madre, cómo logra sobrevivir a esto?
Sarukhán: Mi madre sobrevive porque en algún momento en el trayecto del tren en el que los llevaban, de estos en los que metían a la gente como en las películas de lo que pasó en Alemania, fue parado por un cónsul suizo, porque estaban buscando a alguien, en las confusiones y demás, se encuentran con que los guardias que estaban con ellos estaban distraídos y fue la oportunidad para escaparse, entonces pueden irse por el campo y esperar a que bajara toda esta cuestión.
Belsasso: ¿Ella se escapa todavía con sus abuelos?
Sarukhán: Se escapó con mi abuela, mi abuelo ya no vivía y mi abuela materna es la que es sacada de su casa. Las escenas eran terribles, digo, contar que en la noche ella y su hermana tenían que ir a las caballerizas a buscar entre el estiércol de los caballos, granos que no estaban digeridos para poder tener algo que comer; eso le habla de las situaciones en las que vivieron. Afortunadamente pueden escapar, regresan luego a Estambul y Ankara a buscar quién podía tener sus pertenencias, algunos parientes los reciben y pasa un rato. Mi padre no nace en Turquía, mi padre nace en Armenia, en Ereván, la capital, obviamente mi madre era de familia armenia, pero había una población muy grande de armenios en Turquía. Mi padre sigue otra ruta, totalmente diferente, pero también muy complicada, porque se va de joven a trabajar a Georgia porque en Armenia no había suficientes trabajos o no eran buenos, lo que sea, y ahí encuentra trabajo y se enrola con los Rusos Blancos, con los mencheviques, justo ya muy al final del proceso de revolución, hasta que la revolución gana y se deshacen del Zar, pero entonces él queda en el bando equivocado, porque los bolcheviques son los que ganan la revolución, había una pugna entre mencheviques y bolcheviques para llegar a destronar al Zar y los otros tuvieron mucha más sapiencia en cómo hacerlo y entonces lo meten a la cárcel a él, se escapa, pero estuvo como un año en la cárcel.
Belsasso: ¿Se escapa de la cárcel?
Sarukhán: Se escapa de la cárcel, no creo que en esos tiempos había todas las medidas de seguridad y además en un país que estaba entrando a un proceso posrevolucionario, se imagina el desorden enorme que debe de haber habido.
Belsasso: ¿Cómo llegan a México?
Sarukhán: Mi padre ya no puede regresar a Armenia, que ya era república socialista, regresar a Armenia era suicidarse, entonces el único refugio que encuentra es ir al Seminario de los Monjes Mejitaristas, de los monjes Armenios en Venecia, en una isla que se llama San Lázaro, que por cierto es un museo, un reservorio de arte bizantino, de historia bizantina, de literatura bizantina y está ahí, siete años, pero se da cuenta de que ése no es el camino por el que tenía que ir.
Para esas alturas ya era 1923, 1924, las cuestiones en Turquía se habían calmado lo suficiente como para no estar en un riesgo muy grande y va a Turquía, conoce a mi madre, ahí se enamoran y la idea que tienen es venir a México para tener acceso a una de las cuotas de ingreso a Estados Unidos —todo el mundo se estaba yendo para allá, hay muchísimos armenios en EU, millón y medio o dos millones—, y como muchos otros armenios, vinieron a México en espera de irse a Estados Unidos. Mi padre llega primero, un poco para explorar cómo están las cosas, mi madre lo alcanza, se casan aquí en México y nacen mis dos hermanas, una murió, de lo que ya nadie se muere ahora, difteria; hablamos de 1931, 32, por ahí, después nazco yo, en el 40, y ya para esas alturas, mi padre y mi madre deciden que ya no se iban a Estados Unidos, lo cual encuentro enormemente afortunado, no sé qué me hubiera pasado si nos hubiéramos ido a Estados Unidos, pero lo que encuentro muy feliz es que se quedaron en México.
Belsasso: Pero a parte, fue un México, justo en esa época, posguerra, que acogió a mucha gente.
Sarukhán: Ellos llegaron antes de la Segunda Guerra Mundial. No hay la menor duda que hacia fines de la década de los 30, México, con el presidente Cárdenas, hace un verdadero acto de generosidad, recibiendo a decenas de miles entre españoles refugiados de la Guerra Civil, que por cierto de ahí vienen los padres de mi esposa, y a muchos judíos también, hasta que el presidente Cárdenas se fue.
Belsasso: Mis abuelos también llegaron a este país huyendo de la guerra.
Sarukhán: Ya eran los fines de los 30, 39, 40, 42, ese periodo de cuatro o cinco años alrededor del 40 y con esto, yo creo que México hace un acto nobilísimo, en el que el embajador, Luis I. Rodríguez y el cónsul, don Gilberto Bosques, ayuda a darles visas a una enorme cantidad de gente, no todos vinieron a México, de esa manera muchos llegaron a Colombia, a Cuba, a Argentina, a Costa Rica, a Chile.
Belsasso: A ver Doctor, vamos a platicar un poco cómo fue que su mamá tuvo esa fuerza para sacarlo adelante, se quedó viuda cuando usted tenía siete años, le da toda la fuerza y es la que lo saca adelante, con una gran carrera, tanto estudio y tanta preparación que incluso lo llevaron a ser rector de la Universidad. ¿Cómo fueron esos años con su madre?
Sarukhán: Años que yo quisiera haber apreciado como una persona mayor.
Belsasso: ¿Por qué?
Sarukhán: Para entenderlos mejor, porque a los ocho uno toma esas cosa como naturales, vistas a la distancia. Cuando mi padre se muere yo tenía ocho años y medio, más o menos, él estuvo como dos años muy mal, tenía cáncer, no había dinero para el hospital: estuvo en la casa todo el tiempo, en esos tiempos no había formas, él era autoempleado, a pesar de que hablaba ocho, nueve idiomas, se dedicó a hacer zapatos en la casa.
Belsasso: Se queda huérfano de padre como a los ocho años y la que lo tiene que sacar adelante es su madre, sola, platíqueme esta época de su vida.
Sarukhán: Bueno, primero, no fue mi madre sola, pero eso no disminuye en lo absoluto su esfuerzo y su enorme valor para mi desarrollo, porque mi hermana Teresa, era 11 años mayor que yo. Ella también tiene que dejar sus estudios y dedicarse a trabajar, para poder mantener la casa. Entra a un banco a trabajar y realmente fue el esfuerzo de ellas dos el que me permitió hacer los estudios, pero también debo decirlo, y lo he dicho antes, la generosidad de los Hermanos Lasallistas que no quisieron que me sacaran de la escuela porque ya no se podía pagar, me becaron todos los estudios, desde la primaria hasta la preparatoria.
Belsasso: Pero usted era un alumno brillante, ¿no?
Sarukhán: Sí, pero también eso fue un acto muy generoso y yo no puedo dejar de reconocerlo. Bueno, total, se hizo eso, tuve la enorme suerte de entrar a la UNAM, o de escoger entrar a la UNAM.
Belsasso: ¿Por qué decide entrar a estudiar Biología?
Sarukhán: Porque me gustaba la neurofisiología y pensé que ése era el mejor lugar para hacerlo, pero nunca me metí a la neurofisiología.
Belsasso: Se mete a la UNAM y termina trabajando temas de ecología muy importantes.
Sarukhán: Así es, por estas oportunidades que se van dando.
Belsasso: Pero es este tema muy visionario de decir va a haber un problema ecológico en el mundo y a eso me quiero dedicar, ¿Por qué?, ¿qué vio?
Sarukhán: Lo que vi es que el estudio de la naturaleza y de una serie de procesos ecológicos era muy interesante y, eso fue lo que me atrajo, no creo que me haya dado cuenta en ese momento de los problemas que estamos viviendo, porque no estaban en la mente de la gente, sí me interesaba conocer ciertos fenómenos que tenían que ver con la ecología tropical, me metí ahí y luego acabé haciendo un doctorado en Gran Bretaña, volví a la UNAM a ser investigador en el Instituto de Biología, dirigí el Instituto de Biología por seis años y luego pasé a la Coordinación de Ciencias y luego a la Rectoría. Esa es mi trayectoria por la UNAM en cápsula rápida.
Belsasso: También tiene premios muy importantes en otras ciencias, en Física, Matemáticas.
Sarukhán: Pues sí, pero…
Belsasso: ¿Todo está entrelazado?
Sarukhán: De cierta forma, claro.
Belsasso: ¿Cómo fueron sus años de rector?, ¿los disfrutó mucho?
Sarukhán: Sí los disfruté mucho, pero me gustaría no dejar de tocar el asunto de la conmemoración de este Centenario, es muy importante, fue el primer genocidio del siglo pasado, dicho no solamente muy notable y muy valientemente por el papa Francisco en fechas recientes, sino por docenas de historiadores, por docenas de analistas que podían realmente darle a las cosas su nombre correcto y ése fue que esto era un genocidio.
Belsasso: Yo escribí una columna a finales de abril, precisamente, diciendo que al Distrito Federal se le había olvidado el tema del genocidio con la administración de Marcelo Ebrard y me contestaron muy molestos los de la Embajada de Azerbaiyán, diciéndonos que Aliyev no era un dictador, eso lo sacamos, por supuesto dimos la pronta respuesta en el periódico, estaban muy molestos diciendo que no era un dictador.
Sarukhán: Lo tienen que hacer porque tienen que defender esa posición, Bibiana, ésta ha sido la actitud permanente de Turquía y de los azeríes, porque son sus aliados regionales más fuertes, tienen todo el dinero para hacerlo y anunciarse por todos lados, bueno, vaya, hasta en el partido de ayer del Barcelona contra el Atlético de Madrid, en Madrid, los dos anuncios centrales del estadio era un nombre, Azerbaiyán, enorme, ocupaba la mitad de la cancha. Tienen que hacerlo, están en un proceso de poder por un lado, lavarse la cara con este asunto, por otro lado defenderse de toda la opinión mundial que está en contra de ellos ahora, ¿no?
Belsasso: Pero ya dejando este tema, quiero regresar a la vida del Doctor Sarukhán, que es maravillosa, platíqueme, ¿ahorita en que proyectos está trabajando con este tema de ecología?
Sarukhán: Conabio fue una idea que propuse en 1991, al entonces presidente Salinas de Gortari, que me llamó, yo ya era rector, y me dijo, “oiga doctor, qué puede presentar México en la reunión de Río de Janeiro que sea realmente muy demostrativo del interés del país sobre esta cuestión de la diversidad, va a haber esta cumbre sobre el tema”. Entonces le llegué con la idea de un organismo que acabó llamándose: Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; tomó la idea con mucho entusiasmo y se echó a andar, yo no podía dirigirla, era rector. Tuve la suerte de encontrar al doctor Jorge Soberón, que trabajó en Laboratorio de Ecología, cuando yo lo dirigía, y él hizo un trabajo súper bueno los primeros 14 años de vida de esto.
Belsasso: Es que estos últimos 20 años han sido críticos, se han devastado muchísimas selvas, hemos perdido muchísimo de lo que es el pulmón del país.
Sarukhán: Claro. Ha habido un proceso de deterioro en todo el mundo, no nada más en México, pero eso no es para excusarlo, nada más recordemos que en los años 70 hubo una Comisión Nacional de Desmontes; es decir, había dinero para tirar bosques y selvas, ¿con qué razón?, no me queda claro; teóricamente para ayudar a los campesinos a que pudieran sembrar en zonas en las que no se pueden sembrar cultivos, son zonas forestales.
Pero pasamos por ese tipo de sinrazones brutales en el país, han ocurrido otras, siguen ocurriendo, tenemos pérdidas forestales; también se ha ido desarrollando una conciencia, los gobiernos han tenido más cuidado con esto. ¿Se podría tener más cuidado?, sí, es tener más conciencia de que estamos serruchando el piso, porque sin esa naturaleza bien, sana, donde está, los países se hunden y si quieren un ejemplo, que me da pena decirlo, está Haití. Haití está totalmente deforestado, no tiene nada prácticamente, ¿qué pasa cada vez que hay un ciclón?, no tienen capacidad de reponerse y de responder a estas cosas. Es una matriz básica para el desarrollo y el mantenimiento de cualquier sociedad.
Belsasso: Por supuesto, el tema de los manglares es gravísimo. A ver, preguntas y respuesta cortas, ¿cuál es su libro favorito?
Sarukhán: ¡Guau!, voy a estar un poco sesgado, El Origen de las Especies. Me parece crucial para la humanidad, además está muy bien escrito, Darwin era un espléndido escritor. Pero he leído varios, el último que me conmovió es este de Julian Barnes que se llamaEtapas, que narra la muerte de su esposa y su reacción a esto, es absolutamente conmovedor.
Belsasso: Yo estoy empezando a leer uno que se llama De animales a dioses, que dicen que es una maravilla.
Sarukhán: Ah, sí muy bueno, léalo, léalo. La va a gustar mucho
Belsasso: ¿Qué le gusta comer?
Sarukhán: Muchísimas cosas, pero sin duda la cocina mexicana la encuentro enormemente atractiva y no quiero ser chauvinista, ni nada que se le parezca, pero tenemos un tesoro, que deberíamos utilizar mejor, para nosotros en primer lugar, pero en segundo, como atractivo para el turismo que viene a México y que la comida es una de las cosas más importantes.
Belsasso: ¿Cuál ha sido el día más feliz de su vida?
Sarukhán: ¡Guau!, no sé, el día más impresionante, para mí, fue cuando la Junta de Gobierno me anunció que me habían elegido rector de la UNAM, pero estaba mezclado con una gigantesca preocupación, es un poco difícil decir eso.
Belsasso: ¿Y el más triste de su vida?
Sarukhán: Bueno, está muy ligado a esa época de Rectoría, perdón que use eso, pero esas vivencias fueron muy importantes, fue el día que tuve que renunciar al proyecto que ya teníamos prácticamente ganado de ampliar las cuotas de los alumnos en la UNAM, con la aprobación de los alumnos, por razones políticas.
Belsasso: A ver, José Sarukhán es…
Sarukhán: José Sarukhán es una persona que ama este país, que se siente enormemente privilegiado y agradecido de lo que el país ha permitido a mis padres y a mí: desarrollarme, estudiar, tener a mis hijos aquí y que ambos sean muy exitosos. Todo lo que hago, todo lo que he hecho y lo que seguiré haciendo en el tiempo que me queda, tiene un sólo propósito: tratar de ayudar a que este país sea mejor.
