“Soy un hombre que no tiene miedo; soy felizmente un actor”: Un café con Ignacio López Tarso

Uno de los actores más representativos de la época dorada del cine mexicano y del teatro nacional cumplió 90 años en enero pasado, el primer actor Ignacio López Tarso. Su trayectoria, sus personajes, sus amigos y maestros son evocados en una charla muy personal que muestra al hombre disciplinado, lúcido, educado y, sobre todo, feliz, que dejó el sacerdocio y la milicia por seguir su vocación: el escenario.
Bibiana Belsasso: Don Ignacio me impresiona, ha hecho de todo. Desde muy chiquito descubre que le gusta el teatro, pero no tenía los recursos para hacerlo y se mete a estudiar al Seminario. Platíqueme esta historia.
Ignacio López Tarso: Sí, estuve unos años en el Seminario, fue muy útil. Hubiera pensado que si te metes a un seminario, sin vocación para ser sacerdote, sería tiempo perdido; la idea general es que estás perdiendo el tiempo. A mí no me sucedió eso, fue muy provechoso porque el Seminario fue la primera institución que me enseñó la disciplina, el cumplimiento exacto de los horarios, la puntualidad, que es importantísima. De manera que ser puntual y la disciplinado lo aprendí ahí.
Belsasso: Y una cultura importante
López Tarso: Cultura, el griego, el latín y sobre todo el conocerte a ti mismo, que ahí es una práctica diaria indispensable. El meditar, el guardar silencio absoluto, el saber estar contigo mismo y estar solo aunque estés rodeado de compañeros y que haya ruido. Concentrarte en ti mismo, reconocerte.
Belsasso: ¿Se imaginaba que el Seminario sería fundamental para su carrera como actor?
López Tarso: En mi carrera y en mi vida personal, desde luego. Y, después, otra institución que me enseñó también disciplina y puntualidad, el Ejército. Como estábamos en guerra en la época en que fui al Servicio Militar obligatorio, que no era cosa de marchar los domingos, sino un año completo metido en un cuartel bajo la estricta disciplina militar y prácticas de guerra, de tiro, en fin, una vida muy activa. Me encantó la disciplina del ejército y quise quedarme, ya que había decidido meterme al Colegio Militar y seguir la carrera, porque durante ese año fui soldado, luego cabo —el primer grado después de soldado—, después sargento segundo y luego sargento primero. Llegué a sargento primero en ese año.
Belsasso: ¿En un solo año llegó a ascender ,de esa manera?
López Tarso: Sí. El general del onceavo regimiento de infantería, un hombre muy culto (no me acuerdo el nombre del general, lo sé muy bien pero en este momento no lo recuerdo), habló conmigo varias veces y me dijo: “Te felicito porque has hecho en un año una carrera militar buenísima, yo te recomiendo, yo te llevo, yo te impulso en tu carrera militar, sigue en el Colegio”. Para ser subteniente y luego oficial del ejército, de subteniente a teniente, capitán… hacer una carrera militar. Y no, no lo quise hacer.
Belsasso: Ya tenía las ganas de ser actor.
López Tarso: Algo me dijo que ese no era mi camino, igual que en el seminario; en un momento dado le dije a mi director espiritual, que era un hombre muy sabio, Don Sergio Méndez Arceo, que fue Obispo de Cuernavaca, que transformó la Iglesia de Cuernavaca y tuvo una crítica en contra terrible, le decían el Obispo Rojo, decían que era comunista, porque era un hombre con ideas muy avanzadas, muy progresistas y en la Iglesia eso es difícil.
Belsasso: De esa época del seminario surge su nombre artístico, ¿no? Porque usted ha dicho que viene del apóstol San Pablo, que era San Pablo de la ciudad de Tarso.
López Tarso: Saulo de Tarso se llamaba este soldado romano, Saulo de Tarso que luego se convirtió de un perseguidor de cristianos a un cristiano de gran convencimiento, y de cristiano se convirtió en San Pablo.
Belsasso: ¿Cómo empieza usted en la carrera de la actuación?, porque empieza también desde muy joven. Entra al Seminario muy chico, al Ejército antes de los 20 y a los 24 años ya busca ser actor.
López Tarso: A los 18 años en el Ejército; a los 12, 13 años al seminario; salí de ahí a los 17. A los 20 años me fui de brasero, contratado a un campo agrícola en California, en Merced, California.
Belsasso: Ahí tuvo usted un accidente, y dice el Dalai Lama que cuando algo que quieres no se te cumple, puede ser un golpe de suerte maravilloso. Y ese accidente el cual fue tan difícil, tan duro para usted, fue lo que lo hizo regresar y empezar a trabajar ya como actor.
López Tarso: Así es, ahí descubrí a Xavier Villaurrutia como poeta, porque tuve un año de inmovilidad absoluta y mi mejor distracción era la lectura y oír música; tenía un radio junto a mí, de esos antiguos de madera con una ventanita amarilla, lo recuerdo muy bien, ahí buscaba yo la buena música; empecé a oír música sinfónica, ópera, empecé a conocer a las grandes voces de la ópera de la época, a los grandes autores, a Beethoven, a Vivaldi, a Mozart, a todos los grandes músicos, y a leer también sobre sus vidas. Me cayó un librito muy simpático que hablaba de todos ellos, con datos de su infancia, de su formación profesional, también de ahí aprendí mucho. Pero sobre todo leí a Villaurrutia, que me gustó muchísimo como poeta. Fue mi primer maestro de teatro, estuve con él dos años, él murió muy joven; tenía 47 años cuando murió de un infarto, una Navidad, en 1950. Yo había estado ya dos años con el maestro Villaurrutia.
Belsasso: ¿Cuál es el mayor aprendizaje que usted recuerda, hasta la fecha, cuando está en el escenario, de su maestro?
López Tarso: Villaurrutia me enseñó a pisar el escenario, a estar cómodo, a no tenerle miedo. Me enseñó el respeto al texto, al libreto, al autor. Me enseñó el respeto al director. Me enseñó a pisar el escenario con seguridad y me dijo: “Algún día, este escenario que estás pisando, ya con seguridad, si persistes y te haces realmente actor, algún día vas a gozar pisando el escenario con autoridad”. ¡Y ya lo he pisado con autoridad!
Belsasso: ¿Existe ese mismo respeto, esa disciplina en el escenario, con seguridad, en los actores jóvenes?
López Tarso: Sí, desde luego que sí. Hay actores jóvenes muy bien preparados, con ese impulso interno que es indispensable para lo que quieras hacer en la vida, no sólo para ser actor, para cualquier cosa. Como tú tienes ese impulso como periodista, como entrevistadora, una carrera muy hermosa.
Belsasso: Y Salvador Novo, ¿qué le enseñó?
López Tarso: También, sí, básicamente mis maestros fueron ellos dos, Novo y Villaurrutia, pero también José Gorostiza, Clementina Otero, Fernando Wagner. Al maestro de dicción le debo el tener una dicción magnifica, sé cómo se pronuncian las palabras, cómo se pronuncia bien, cómo es la sonoridad y cómo la boca hace que el sonido corra, que no se quede ahí cerquita de ti, sino que la voz vaya y corra.
Belsasso: Y por eso ha recitado unos poemas divinos. Empezar desde la respiración. Pero, a ver, le ha tocado trabajar con Las Grandes y Los Grandes. ¿Cómo fue trabajar con La Doña?
López Tarso: Uy, maravilloso, fue un gran descubrimiento para mí. Primero una maravilla que Gabriel Figueroa me dijera: “Vengo a invitarte a una película con María, porque ella quiere trabajar contigo”.
Belsasso: ¿Qué hace cuando una mujerona así le dice quiero trabajar contigo?
López Tarso: Sí, me presentó con ella Gabriel Figueroa, que fue un amigo maravilloso, él me vio alguna vez en el teatro y fue quien me llevó la primera vez, en cuanto tuvo oportunidad, al cine, habló de mí, por él conseguí Macario, por él conseguí La Cucaracha; por él conseguí trabajar por primera vez con María, por él conseguí la amistad con Dolores del Río, con Pedro Armendariz, todo a través de Gabriel Figueroa, que fue un gran amigo mío, quien me ayudó muchísimo, al que le debo gran parte de mi carrera como actor de cine.
Bibiana Belsasso: Platíqueme alguna anécdota con La Doña, con Dolores del Río, con Carmen Montejo…
López Tarso: Con Dolores tuve la gran fortuna de trabajar en teatro, después de haber hecho con ella La Cucaracha, que estuve con las dos ahí. En La Cucaracha estuve con los “meros, meros”, con el Indio Fernández, ahí estaba Pedro Armendáriz, María Félix, Dolores del Río.
Belsasso: ¿Se enamoró de alguna de sus compañeras?
López Tarso: De todas yo creo. (risas)
Belsasso: ¿Se consumó ese amor en algún momento?
López Tarso: Sí, claro que sí, estaba yo enamoradísimo.
Belsasso: Pues platíqueme.
López Tarso: Hice ocho películas con María, siempre fui su ayudante.
Belsasso: Pero, ¿lo pelaba María o no?
López Tarso: Sí como no, éramos muy buenos amigos.
Belsasso: ¡Qué maravilla!
López Tarso: Un día aceptó la invitación de ir en tren a la filmación en Zacatecas, ella iba a ir en el avión privado de no sé quién y se vino en el tren porque yo la invité.
Belsasso: Claro, era mucho más romántico ir en el tren con Don Ignacio, que te platicara bonito al oído, a ir en el avión privado con quién fuera. Y, ¿de qué platicaban?
López Tarso: Hablábamos del cine, de nuestros personajes. A ella le gusta hablar de su trabajo; me invitaba después de las filmaciones a hablar, después de la cena, después del descanso, entre la filmación y la cena, a tomar una copa y platicábamos de los personajes. Divina y muy auténtica. Una gran, gran, gran actriz, a mí me parece. Dolores también, las dos muy diferentes y las dos hermosísimas. Con Dolores tuve la oportunidad de tenerla en una obra de teatro, ella y yo solos, una obra de dos personajes que estrenamos en el Insurgentes, estuvimos ahí ocho meses, luego en el Teatro Hidalgo, después en una gira por la República, ella y yo solos en el escenario todos los días, porque entonces el teatro se hacía de martes a domingo, no como ahora, viernes, sábado y domingo.
Belsasso: Y era una época en que usted como actor tenía que prepararse desde su vestuario, su caracterización, era mucho más trabajo.
López Tarso: Claro, pero Dolores me enseñó muchas cosas, era una mujer con una gran disciplina y una gran vida interior, con una mirada maravillosa, comía pétalos de rosa, ¡era una mujer extraordinaria!
Belsasso: A usted le importa y se fija mucho en la vida interior. De los hombres con los que ha trabajado, ¿quién ha tenido una vida interior muy rica?, ¿con quién le ha gustado estar?
López Tarso: Compañeros actores con los que he trabajado, desde luego que muchos. Alejandro Camacho es uno que vive sus personajes muy interiormente, con él hice una temporada, él hacía Drácula y yo el doctor Helsing, hicimos varias telenovelas. Estuvo conmigo en el Rey Lear y luego Drácula y ha sido un compañero que recuerdo con mucho agrado. Varios actores, pero recuerdo sobre todo esa temporada con Dolores en el teatro, los dos juntos de gira, en donde no sólo estás en el teatro sino que estás en el mismo hotel, desayunas y comes y cenas junto con ella, y luego las funciones diarias, y luego los viajes, los dos en un automóvil.
Belsasso: Ahora está de moda el llamado “antiaging”, que es todo lo que uno pueda hacer contra la edad, las mujeres y los hombres gastan miles de pesos en esto. Pero el mejor tratamiento antiedad que yo he visto en mi vida es el que usted hace, me tiene que decir qué es, porque está de maravilla, tiene 90 años, trabaja desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche, ¿cómo ha vivido y cómo vive Ignacio López Tarso para estar con esa vitalidad y con esa fuerza y con esa lucidez?
López Tarso: Sigo siendo muy disciplinado, eso es fundamental en tu vida, me disciplino en todo. Un día me dijeron: “No tomes tanto café”, dejé el café. “No tomes tanto tequila”, dejé el tequila. “No debes fumar tanto”, dejé el cigarro. No hay otra manera.
Belsasso: Pero, me habla, de que hoy es cumpleaños de su hijo, también actor, reconocidísimo y me decía: “Me gustaría haberme ido a tomar unos vinos con él”. ¡El buen vino sí le gusta!
López Tarso: Ya bebo muy poco, sólo vino de mesa; me gusta mucho el vino tinto, el español, el francés… me gustaba el coñac, el express doble, después de la comida con un buen cigarro. Un buen coñac, una buena plática, una buena compañía… eso es magnífico, estar bien acompañado, eso es importantísimo para tu vida personal, para el disfrute de tu vida. He tenido la suerte de estar siempre bien acompañado, no sólo profesionalmente, sino en mi vida personal.
Belsasso: Ya me platicó de “Los Grandes de la actuación”, pero “Los Grandes de su vida”, sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, ¿qué le enseñan todos los días?
López Tarso: Todos los días, tengo nietos ejemplares. Tengo una nieta, Mariana, que es psicóloga, maestra, dedicada a la enseñanza, que es un ejemplo. Otra nieta, Karina, que fue bailarina de baile clásico y ahora de tango, está en Buenos Aires compitiendo con los mejores bailarines argentinos, ella es una bailarina extraordinaria que ha destacado en todos lados, sobresale en Buenos Aires bailando con los mejores. Y tengo un nieto famoso en el mundo entero menos en México, es un baterista, Antonio Sánchez, que se fue a estudiar desde los 12 años, solo, en Boston; hablaba apenas un poco el inglés cuando se fue a Boston, a Berklee, que es la mejor escuela de Música que hay en el mundo, ahí estudió mi nieto Antonio, ocho años. Ahí la disciplina también tuvo escuela, salió siendo un músico estupendo, porque tenía una gran disposición para la música, nació haciendo ruiditos por todos lados, con los vasos, con lo que tenía a la mano; es un baterista sensacional, trabaja con los más grandes jazzistas que hay en este momento, con Pat Metheny, un guitarrista famosísimo que toca en un concierto diez o doce guitarras diferentes, de todos tamaños, de diferentes cuerdas, de diferentes estilos, un guitarrista extraordinario, y su baterista consentido es Antonio, mi nieto. Ya le ha dado la vuelta al mundo, diez veces por lo menos, con los más grandes músicos del Jazz moderno. Y ahora está siendo famoso además porque González Iñárritu lo invitó, para que hiciera ruido con su batería en su película, que los de la Academia de Cine dicen que no puede competir porque la batería no es música…
Belsasso: Por supuesto que sí.
López Tarso: …pero es un ruido tan perfectamente hecho que acompaña la acción de toda la película, en donde sólo hay unas pequeñas intervenciones de música clásica, porque lo pide el asunto, la película se llama el Hombre Pájaro, Birdman, que ha ganado premios, que está postulada para los “Oscar”, que ha ganado los “Globos de Oro”. Pues ahí está mi nieto. Pero, bueno, ahí están esos nietos que le digo que son ejemplares para mí. Este muchacho ha hecho una carrera formidable a base de un gran esfuerzo personal y ha conseguido ser de los 10 mejores bateristas del mundo, las revistas especializadas lo nombran siempre como de los mejores en el mundo. Acaba de cumplir 40 años, fue a los 12 en Berklee y después con los pequeños grupos hasta ir avanzando solo y llegar a lo mejor que se puede llegar.
Belsasso: Don Ignacio, ¿qué viene ahora?, porque nunca se está quieto.
López Tarso: Ya tengo cosas, afortunadamente. En mi carrera, el trabajo del actor es muy eventual, el actor siempre está contratado por una obra de teatro, una película, una telenovela, pero una.
Belsasso: Algunos actores, pero usted siempre tiene trabajo, muchísimo.
López Tarso: Sí, soy exclusivo de Televisa desde hace años, estoy contratado por Televisa de por vida, pero eso no me asegura el trabajo, me dan a escoger y yo escojo lo que me conviene hacer cada año. A veces pasan dos, tres años donde no hay una buena oportunidad en telenovela. He estado haciendo, ahora, con frecuencia una tras otra telenovelas, una tras otra obra de teatro, con esta empresa de Daniel Gómez Casanova, el empresario más joven que hay en el teatro en México, este empresario ha hecho nueve, diez obras seguidas. Un muchacho que se hizo desde niño en los teatros, viendo teatro.
Belsasso: ¿Él hizo El Cartero?
López Tarso: Él hizo El Cartero, sí. Espero hacer más cosas con él, porque es un empresario que tiene verdadera vocación teatral, sabe lo que es el actor y el trabajo del actor porque desde niño, desde los seis, ocho años andaba ahí en el teatro. Él es de Guadalajara, andaba ahí en el Teatro Degollado, le pedía al papá ir para ver la función y se quedaba, conocía a los actores, al público que iba y vio teatro clásico, yo llevé ahí muchas obras y ahí estaba Daniel, el chamaquito, el jovencito y ahora el empresario.
Belsasso: Así empezó usted desde chiquitito. ¿A qué le tiene miedo?
López Tarso: ¿Miedo?, no, no tengo miedos, no le tengo miedo a nada.
Belsasso: ¿Cuál ha sido el día más triste de su vida?
López Tarso: Tampoco, no he tenido días tristes, mis días son muy felices en general.
Belsasso: ¿Tiene alguno que recuerde?
López Tarso: Mi vida es feliz. Pues cuando me han dado el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Guadalajara, cuando me han dado el Ariel de Oro por el cine, cuando me han dado la Medalla de Bellas Artes que me la entregó la que era la Sectretaria de Educación en aquel entonces, que luego fue candidata a la Presidencia de la República por el PAN, Josefina Vázquez Mota, y bueno muy bien, mi carrera ha ido muy bien, con muchos premios, muchos regalos. Llego a una ciudad con una obra de teatro y me dan la sorpresa de que el Municipio me da un reconocimiento y un obsequio, y llega el Presidente Municipal o llegan los funcionarios.
Belsasso: Don Ignacio, por favor compléteme esta frase: Don Ignacio López Tarso es…
López Tarso: Actor, fundamentalmente actor, felizmente actor.