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Niños sicarios

¿En qué momento termina la infancia y se precipita la adultez? ¿Por qué esa niñez se adelanta y hay quienes, a los tan sólo 11 años, comienzan a tener una vida de criminales?

En México tenemos niños que secuestran, decapitan y torturan para pandillas y grupos delincuenciales.

Cada vez más son utilizados por el crimen organizado para realizar actividades delictivas graves y en última instancia son desechables para los jefes de las bandas o cárteles de la droga.

La Procuraduría General de la República habla de cinco mil 992 menores detenidos el sexenio pasado, de los cuales 447 son mujeres.

De acuerdo con un informe de la Secretaría de Gobernación, 22 por ciento de los menores detenidos, es decir, mil 318, son sicarios porque han ejecutado por lo menos, a una persona cada uno.

Además, 35 por ciento participó en robos con violencia, 17 por ciento usó armas de fuego y 15 por ciento colaboró en secuestros. Ocho de cada 10 tienen entre 16 y 18 años y el 50 por ciento abandonó su hogar. Los padres de 62 por ciento están separados y la mitad apenas terminó la secundaria.

Ayer, la Cámara de Diputados aprobó reformas constitucionales en materia de justicia penal para adolescentes, las cuales, entre otros aspectos, prevén la creación de un sistema integral para el procesamiento de los jóvenes de más de 12 años y menos de 18 que sean señalados como probables responsables de algún delito.

También se aprobó que se utilizarán juicios orales en todos los casos graves o no graves en los que participen. Los infractores de menos de 12 años sólo podrán ser sujetos a medidas de asistencia social y el internamiento sólo se utilizará como medida extrema en menores de 14 años.

Son muchas las historias de niños criminales y sicarios en nuestro país. Usted seguramente recordará a Édgar Jiménez Rico, El Ponchis, quien tenía 14 años cuando fue sentenciado por el asesinato de cuatro jóvenes a los que colgó de un puente. Las investigaciones policiacas apuntaban a que pudo haber participado en decenas de homicidios más.

Había empezado a delinquir a los 11 años. Fue detenido en 2010 y señalado como uno de los sicarios más sanguinarios del Cártel del Pacífico Sur. Era el encargado de mutilar a las víctimas.

El Ponchis fue abandonado por sus padres, ambos drogadictos, y quedó a cargo de su abuela, quién murió cuando aquel acababa de cumplir 11 años. El Ponchis se quedó en las calles donde fue reclutado para iniciar su vida criminal por Jesús El Negro Radilla, una de las cabezas del referido cártel.

Estuvo preso tres años y después quedó en libertad.Pero como el caso de El Ponchis, hay cientos, miles en todo el país.

Antes del 2010 ya se había registrado la participación de menores de edad en la células de los Zetas.

Hay muchos que son secuestrados por el narcotráfico y obligados a cometer actos ilícitos. Otros participan en el crimen organizado porque es el ejemplo que han visto en su familia o en las calles cercanas a donde viven.

Cifras del mundo académico hablan de unos 30 mil niños y niñas que cooperan con los grupos criminales de varias formas: tráfico de drogas, secuestro, trata de personas, extorsiones, contrabando, piratería y como sicarios, entre otras actividades ilícitas.

Estas cifras las corrobora también el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, el cual denuncia que entre 25 mil y 30 mil han sido forzados a trabajar con el crimen organizado.

La nueva ley en materia de justicia penal para adolecentes, si se estructura de una manera adecuada será muy benéfica para toda la sociedad. Porque, además, una vez que se detenga a un menor, se podrá determinar qué hay detrás de los delitos que estos menores están cometiendo.

Junto con las leyes, se debe considerar que tener tantos niños criminales es un problema social, que se debe de atajar conjuntamente con frentes en lo social y en lo judicial.

 

bibibelsasso@hotmail.com 

Twitter: @bibianabelsasso