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El avión derribado

Las primeras versiones que surgieron, tras conocerse que un Airbus 320 de Germanwings se había estrellado en los Alpes franceses, apuntaban a que había sido una falla mecánica.

Se dijo que el aparato, comprado por Lufthansa en 1991, tenía ya demasiadas horas de vuelo y que había sufrido una avería en el tren delantero de aterrizaje un día antes de la catástrofe.

Efectivamente, la aeronave tenía fallas mecánicas, pero ésa no fue la razón del accidente.

La realidad es que el copiloto, Andreas Lubitz, literalmente tiró el avión. Actuó de manera deliberada. Esperó a que el capitán saliera de la cabina a los servicios y bloqueó la puerta. Se escuchó un ruido como si un asiento de la cabina se hubiera echado para atrás.

A los pocos minutos este último intentó regresar a la cabina, pero le fue imposible.

Es posible abrir la puerta desde afuera con un mecanismo especial. Sin embargo, vaya paradoja, tras los atentados del 11-S a las Torres Gemelas, éstas también pueden ser bloqueadas desde adentro, que fue lo que hizo el copiloto.

Esta explicación fue dada por el fiscal de Marsella, Brice Robin, quien investiga el caso y ha revelado información clave encontrada en la grabación de la caja negra, con la cual se ha empezado a reconstruir la historia de lo sucedido en el avión de Germanwings en el que murieron 150 personas.

Se sabe que los primeros 20 minutos adentro de esa cabina transcurrieron tranquilamente. Sin embargo, una vez que salió el jefe del vuelo, Lubitz aprovechó para manipular el botón de pérdida de altura.

Cuando el capitán se percató de que el avión descendía rápidamente intentó abrir la puerta para tomar el control. Lamentablemente no pudo. En la grabación se escucha cómo el piloto llama por el interfón y grita que lo dejen pasar, pero nunca hay respuesta.

También se oyen las alarmas que se emiten cuando hay una pérdida de altura, pero éstas también son ignoradas por el copiloto, de quien sólo se percibe una respiración normal durante los 10 últimos minutos del vuelo.

Los gritos de los pasajeros se dan sólo en el último minuto, por lo cual el fiscal investigador deduce que los 150 pasajeros y tripulantes murieron de forma instantánea.

La indagatoria dice que hasta el momento no hay indicios de que haya sido un ataque terrorista, pero se seguirá investigando. En estos aviones, además de la caja negra que graba los sonidos, hay otra que muestra las fallas mecánicas. Esta última todavía no ha sido encontrada.

Lo que pocos comprenden es por qué este joven de 27 años, quien según el presidente de Lufthansa, Carsten Spohr, era ciento por ciento apto para volar ese avión y además tenía una actitud impecable, pudo haber provocado un accidente deliberadamente.

Las investigaciones continuarán. Se ha anunciado que en los próximos días se hará una autopsia psicológica a Lubitz. Expertos dicen que estos exámenes se deben realizar a los pocos días de que el sujeto haya perdido la vida, de lo contrario se pueden perder datos o incluso dar tiempo para que los testimonios en los que se basa puedan alterarse.

Para llevar a cabo dichos estudios se entrevista a los familiares del occiso y a personas íntimamente relacionadas con él. Además se analizan los expedientes médicos y psiquiátricos.

No es la primera vez que ocurre un siniestro así. Ya en 1999, en Estados Unidos, un avión de Egipt Air se precipitó al mar con 217 pasajeros a bordo. En esa ocasión también se concluyó que había sido un accidente causado deliberadamente por el capitán de la nave.

Habrá que ver si esta tragedia cambia de alguna forma la historia de la aviación. Por ejemplo, si por regulación se pide que sean tres las personas que estén dentro de la cabina de la aeronave. Lo cierto es que es muy difícil prever este tipo de cosas. Sin duda habrá nuevas consideraciones de seguridad.

 

Estaré de vacaciones unos días. Esta columna regresa el próximo miércoles 8 de abril. Hasta pronto y disfruten su Semana Santa.

 

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