Los primeros dos años de Francisco

Han pasado ya dos años desde la noche del 13 de marzo de 2013, fecha en que Jorge Mario Bergoglio inició su papado. En ese tiempo, Francisco ha dejado en claro que su pontificado es diferente, como lo había prometido.
Cuando apareció en el balcón de la Basílica de San Pedro tras ser electo Papa, sus primeras palabras fueron una petición: que rezaran por él. No vestía ni adornos ni trajes lustrosos que otros pontífices que lo precedieron sí.
Su imagen de sencillez y su búsqueda de comunicación directa con la feligresía inmediatamente llamaron la atención, y son aspectos con los que ha sido congruente en estos dos años.
Desde el inicio de su gestión planteó como uno de sus propósitos el de mostrar una Iglesia sin excesos y que apoya a los más necesitados. Ha nombrado cardenales, a quienes no ha escogido por los lugares donde viven, sino por los que considera sus méritos.
Y no ha dejado de sorprender a todo el mundo con su manera de liderar la Iglesia católica: reformó la curia y nombró un consejo de cardenales para ayudarle a renovar ese organismo.
Su prioridad ha sido que la gente se acerque a Cristo sin anteponer exigencias morales que habían alejado a muchos de los templos y de la fe.
Ha hablado de todos los temas, desde la homosexualidad hasta el celibato de los sacerdotes. Esto es lo que redactó siendo obispo de Buenos Aires, en el libro Sobre el cielo y la tierra, conjuntamente con el rabino Abraham Skorka:
“Algunos dicen, con un cierto pragmatismo, que así se pierde mano de obra, y que cada vez son menos los que quieren ser sacerdotes”. Explica que las experiencias de los últimos 10 siglos han sido positivas más que de errores. “La tradición tiene un peso y una validez. Los ministros católicos han escogido gradualmente el celibato. Hasta el siglo XII algunos lo escogían, otros no. Es una cuestión de disciplina, y podría cambiarse, pero personalmente nunca se me ha ocurrido la idea de casarme.”
En el mismo libro explica cómo reacciona cuando un sacerdote le dice que su mujer está embarazada: “Intento tranquilizarle poco a poco, y le hago comprender que el derecho natural está por delante de su derecho como sacerdote. En consecuencia debe dejar su ministerio y hacerse cargo de su hijo, aunque no se case con esa mujer. Porque ese niño, igual que tiene derecho de tener una madre, tiene derecho a tener un padre con rostro. Yo me encargo de arreglar todos los detalles administrativos por parte de Roma. Pero debe dejar su ministerio”.
En estos dos años la Iglesia católica estuvo envuelta en otro escándalo de pederastia, cuando el ex representante del Vaticano en República Dominicana Jósef Wesolowski fue acusado de abusar de menores y pagar por tener sexo con ellos durante su estancia en ese país, de 2008 a 2013.
Inmediatamente el Papa Francisco aplicó un castigo al ex nuncio, quien hoy se encuentra en prisión domiciliaria.
Durante su viaje a Tierra Santa, ante un representante de la religión musulmana y uno del judaísmo, el sumo pontífice habló de las diferencias de pensamiento y afirmó que ésta es válida: “nos pueden enriquecer mucho, pero tenemos que vivirlas buscando la verdad de la caridad.”
También ha hablado de política, como lo hizo en una carta privada que dirigió a un amigo suyo, legislador argentino, sobre su temor del auge del narcotráfico en el país sudamericano: “ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización”.
“Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”, escribió el pontífice. Fue muy criticado por esta plática privada, pero no está alejado de la realidad que se vive en México.
Ahora, con el momento tan político que se vive en Argentina, su país natal, ha dicho que no se va a reunir con ningún político para evitar especulaciones.
Estos dos años han marcado un cambio radical en la forma de llevar la Iglesia católica, que antes de que asumiera el Papa Francisco había perdido muchos fieles. Es un rumbo distinto para un mundo diferente. Sin duda, la Iglesia católica está buscando adaptarse paulatinamente a estos nuevos tiempos.
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