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Morir en el norte

El pasado 10 de febrero Antonio Zambrano Montes, un paisano de 35 años, lanzaba piedras en una poblada calle de Pasco, en el estado de Washington, hasta que llegó una patrulla con tres agentes, quienes le ordenaron en inglés que parara.

Los familiares de Zambrano han dicho que él no entendía inglés, así que no comprendió la orden y, al no rendirse, aquellos lo trataron de someter con una pistola eléctrica.

Intentó huir y les arrojó una de las piedras que tenía en la mano. Luego los policías le dispararon en varias ocasiones, desde apenas tres metros de distancia, y lo mataron. Todo ha quedado plasmado en videos que muestran con absoluta claridad lo sucedido, y frente a muchos testigos.

Teresa de Jesús, la viuda y madre de sus dos hijas, buscó asesoría legal y demandó a la ciudad de Pasco por 25 millones de dólares, argumentando el desproporcionado uso de la fuerza letal en el caso de su esposo.

Éste no es el único caso en el que las autoridades policiales de Estados Unidos han asesinado a inocentes. Ahí está la historia de Michael Brown, el joven de raza negra que fue abatido por un oficial blanco en Ferguson, en Misouri.

Los testigos aseguran que el agente Warren Wilson le disparó al joven de 18 años aun cuando éste se había rendido y tenía los brazos en alto. El caso desató fuertes reacciones que llegaron incluso a la intervención de la Guardia Nacional en esa ciudad para evitar disturbios.

Hubo infinidad de marchas. Se desataron protestas intensas durante dos semanas en las que manifestantes volcaron su furia en negocios y patrullas. Este asesinato reencendió el debate nacional sobre las diferencias raciales y el sistema de justicia penal. Al agente que disparó no se le aplicaron cargos, sólo tuvo que renunciar a su empleo de policía por miedo a represalias.

Otro caso es la historia de Eric Garner, un hombre de 43 años, asmático, al que en Nueva York un policía blanco intentó someter con una llave en el cuello, prohibida en los procedimientos policiales, y lo asfixió. Esto también fue grabado en video con un teléfono celular y en las redes fue visto por millones de personas. Al igual que en el caso de Brown, el agente que le quitó la vida a Eric Garner no fue procesado por cargo alguno.

A finales del año pasado un niño de 12 años jugaba con una pistola de plástico en Cleveland, Ohio. Alguien llamó a la policía diciendo que había un sospechoso con un arma de fuego. Llegaron dos agentes y, sin más, le dispararon. El menor cayó abatido. Cuando los agentes se acercaron al cuerpo se dieron cuenta de que el “sospechoso” era un menor y que el arma era de juguete. A los agentes que lo mataron simplemente los dieron de baja.

Ninguno de estos casos ha recibido castigo. En casi todas estas historias los agentes que han hecho uso de la fuerza desmedida y matado a personas han sido, solamente, sacados de la institución.

Lo sorprendente en el caso del mexicano Antonio Zambrano Montes es que su viuda haya entablado una demanda legal por muchos millones de dólares. Algo que pocas veces se había dado en el pasado. Si llega a ganar se sentará un precedente que dolerá a las autoridades norteamericanas. Podría ser un aliciente para que se tome consciencia de que este tipo de violencia es simplemente inaceptable.

 

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